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Antonio WeinrichterAntonio Weinrichter

Crítica de «Este niño necesita aire fresco»: La infancia de Chiquito

«En esa fusión de amor filial, terapia y vocación cómica, se juegan las mejores bazas de la función»

Escena de Este niño necesita aire fresco
Escena de Este niño necesita aire fresco
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El problema de esta generalmente apreciable película es que trabaja con un fuera de campo descomunal que el espectador difícilmente podrá conocer y por tanto traducir en algo efectivo. Es la crónica de unos pocos años en la infancia de Hape Kerkeling, quien luego sería un humorista famoso en Alemania, pero desconocido por estos lares. Imaginen en justa reciprocidad a un espectador alemán viendo un relato similar sobre Chiquito de la Calzada cuando tenía ocho años de edad… sin dar mayores explicaciones que unos segundos de una actuación suya de mayor entrevista en un televisor. Cierto que hemos visto y sufrido biografías similares de (ignotos) famosos norteamericanos; la diferencia es que la cultura USA no es local sino universal -somos colonia- y, sobre todo, que no se les ocurriría prescindir del contexto: seguro que veríamos alusiones y ejemplos de la grandeza del biografiado.

Esa no es la película que ha querido firmar Caroline Link. Lo que queda es una historia que apunta al futuro (a ese futuro indefinido del gran cómico), como todas las historias que utilizan una narración en primera persona del tipo de «…y desde aquel verano ya no volví a ser el mismo»: esa voz que sabe lo que el personaje que vemos de niño aún desconoce, esa voz que traduce sus crisis en moralejas vitales desde la ventaja de una mirada retrospectiva. El niño que luego será Kape está muy enmadrado, cosa que se justifica porque su madre está muy enferma y sólo él es capaz de hacerla sonreir: ahí, en esa fusión de amor filial, terapia y vocación cómica, se juegan las mejores bazas de la función.