ES NOTICIA EN ABC
Antonio WeinrichterAntonio Weinrichter

Crítica de «El escándalo Ted Kennedy»: Que no salga en portada

«El veredicto de la Historia no justifica del todo la relativa asepsia de la película»

Escena de «El escándalo Ted Kennedy»
Escena de «El escándalo Ted Kennedy»
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

La familia Kennedy fue, se decía, lo más parecido a la realeza que tuvo Estados Unidos. Asesinados sus dos miembros más célebres, las esperanzas de que llegara a la presidencia el único hermano superviviente, Ted, se desvanecieron cuando sufrió un accidente en 1969 que se saldó con la muerte de la mujer que le acompañaba en el coche que él conducía. El que no fuera su esposa sino una chica joven cercana al clan no hubiera importado demasiado: era un Kennedy, después de todo. Pero sí importó la cadena de errores, negaciones y rectificaciones en los que incurrió después de sobrevivir y abandonar a su suerte a la joven todavía viva dentro del coche sumergido.

Esa cadena de gafes es lo que detalla esta película, quizá demasiado respetuosa con su protagonista, quizá demasiado sobria en sus planteamientos: se trata de un Kennedy, ya lo hemos dicho, que a pesar de todo consiguió el perdón de sus paisanos y tuvo luego una longeva carrera de senador.

Ese veredicto de la Historia no justifica del todo la relativa asepsia de la película respecto a Ted Kennedy. Por eso entre sus mayores logros se encuentran sus apuntes críticos. Por ejemplo, cuando el hermano pequeño Ted llama a su papá y le pide consejo: “Coartada”, gruñe el patriarca, a la sazón postrado pero parece que no senil del todo. Y, sobre todo, el par de reuniones que mantiene con el comité de crisis, que arrojan tanta luz sobre lo que hace un político (cualquier político) cuando le pillan. En el papel protagonista, Jason Clarke, que parece un Paul Newman fofo o hipertiroideo, proyecta sin comprometerse la imagen de un ser lento y pasmado.