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Crítica de «Dobles vidas»: Editar, escribir y bla, bla, bla

Se queda lejos de la profunda sencillez de Rohmer y aún más lejos de la brillantez y gracia de Woody Allen

Imagen de «Dobles vidas»
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En cualquier reseña de esta película de Olivier Assayas se encuentra la alusión de que está entre Éric Rohmer y Woody Allen, y sí, tiene un aire de comedia incómoda, un incesante fluido de diálogos y una cierta visión irónica del mundo, la pareja, el talento y el dinero. Aunque, más que alusión, uno diría que lo que tiene es ilusión por establecer un punto entre esos dos singulares cineastas. Se queda lejos de la profunda sencillez de Rohmer y aún más lejos de la brillantez y gracia de Woody Allen.

Assayas dibuja bien a su media docena de personajes, un editor entre lo analógico y lo digital; su popular esposa, actriz de seriales que detesta; un escritor de sí mismo que mantiene un «lío» con la esposa de su editor, la mujer inteligente y madura del escritor…, en fin, gente de París que está en buena disposición «intelectual» para que el guion les haga constantemente hablar de la literatura real, el imparable avance de lo digital, lo que nos revelan las redes sociales y lo que nos arrebatan. Un perfecto argumento de conflictos, con su dialéctica de los tiempos que corren y sus cruces sentimentales, todo ello perfectamente engrasado por el trabajo de sus buenos actores, Juliette Binoche, Guillaume Canet, el gracioso Mccaigne, Nora Hamzawi…

Es una película diurna, urbana, de cafetería y de sobremesa, que peina y trenza varias vidas conectadas, y aunque se vierten en la pantalla grandes y redondas frases, no abundan las ideas ni los hallazgos, y se siguen las peripecias (entre triviales, sentimentales y laborales) de los personajes sin mayor desgaste ni mental ni sentimental. Quizá lo mejor de estas «Dobles vidas», ya que no aporta realmente «peso», «pensamiento», «ética» o «solución», sea una cierta frescura real, una especie de impresión de que conoces a los tipos, las costumbres, los debates y hasta los diálogos, que, sin llegar a ser graciosos, pues te sugieren algo de gracia.