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Crítica de «La decisión»: La onda expansiva antes de la explosión

«Lo que tiene de emoción y de sentimientos se lo arranca la cámara al rostro de Zahara Ghandour, la protagonista»

Escena de «La decisión»
Escena de «La decisión»
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El título original de esta película iraquí es «El viaje» y, en realidad, se trata de una historia que transcurre en un segundo inmóvil: una mujer ha de tomar una decisión (título no original, pero acertado), está parada en el vestíbulo de la estación de trenes de Bagdad, y su dedo pulgar está a punto para apretar el dispositivo que hará estallar las bombas que lleva pegadas a su cuerpo.

El director, Mohamed Al Daradji, no relata más instante que ese, aunque se traduce en un rico vistazo al entorno de ese momento: apenas si cuenta nada del pasado o presente de esa mujer, pero nos deja ver el corte social y humano de las personas de una estación palpitante, unos niños huérfanos, un vendedor de humo, una joven novia, unos músicos tristes…, hay mucho movimiento y vida en ese segundo estirado de realidad: primero una realidad «sucia» que se va impregnando de un realismo «mágico» y de un cierto suspense que escora la narración, los sucesos, sin apenas contacto con la lógica. Lo que tiene de emoción y de sentimientos (ni explícitos ni del todo comprensibles) se lo arranca la cámara al rostro de Zahara Ghandour, la protagonista, que resuelve dilemas morales o espirituales que no son del todo fáciles de colocar en las estanterías a este lado del mundo. Sí es fácil sacar conclusiones, aunque quizá no sean certeras.