ES NOTICIA EN ABC

Crítica de «Creed II»: Stallone y Lundgren, cruce de esquinas

Lo mejor de esta película preñada de añoranzas y pesadumbres no está en el centro sino en sus esquinas

En el centro del ring, está el adonis Michael B. Jordan y el montañoso Florian Monteanu
En el centro del ring, está el adonis Michael B. Jordan y el montañoso Florian Monteanu - ABC
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Aunque ya haya traspasado ampliamente la madurez y lo siguiente, el personaje de Rocky es alguien al que Sylvester Stallone le procura alimento y le organiza el presente y el futuro como si fuera un hijo, pero también podría verse al contrario: es Rocky quien se lo proporciona a Stallone. El guion lo firma el veterano actor junto a Ryan Coogler (director de la anterior «Creed» y también de la aspirante al Oscar «Black Panther»), y encuentra un «inteligente» hilo del que tirar para que la leyenda continúe: el enfrentamiento de Adonis Creed, el hijo del mítico Apollo Creed, se enfrenta a Viktor Drago, el colosal hijo de Ivan Drago, que machacó hasta la muerte en el ring a Apollo… Cruce de pesos pesados y de pesos pasados.

Lo mejor de esta película preñada de añoranzas y pesadumbres no está en el centro sino en sus esquinas (del ring, concretamente), donde se relamen sus viejas heridas los dos rivales y ahora entrenadores de los púgiles, Stallone y Dolph Lundgren, aquel armario de dos puertas que se revela aquí como actorazo capaz de esconder y expresar «golpes» más complejos que una línea de guion… La voz de Stallone, ese modo esquivo de mirar a la cámara, de colocar emociones como si fueran «uppercuts», y esa presencia brutal y frágil de Lundgren, se cruzan en el plano como pidiendo ya un Shakespeare al que interpretar. Entre ambos, quiebran y dan grandeza a lo que, sin ellos, no tendría más recorrido que el de otra película de la saga y con la estructura habitual.

En el centro del ring, el adonis Michael B. Jordan y el montañoso Florian Monteanu, con el que es más aconsejable intercambiar correspondencia que golpes, y todo ese pasado que actúa sobre ellos como un pasapuré psicológico. Pero, atención a las esquinas.