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Crítica de «Clara y Claire»: Amistades peligrosas 2.0

La oscarizada Juliette Binoche protagoniza la última película de Safy Nebbou, que sabe aprovechar el perfecto estado de gracia de la intérprete

Juliette Binoche, en «Clara y Claire»
Juliette Binoche, en «Clara y Claire» - WANDA FILMS
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Ya se han hecho unas cuantas películas sobre las formas de relacionarse en el nuevo universo de las redes sociales, y el nuevo desorden amoroso que conllevan. Esta no es de las más radicales, quiero decir, no es de las que se quieren sustituir la vieja puesta en escena por pantallazos y mensajitos que van apareciendo en pantalla. Pero a cambio cuenta con la presencia real, no virtual, de Juliette Binoche y eso llevamos ganado.

Binoche está aquí, como casi siempre, en perfecto estado de gracia y el director Safy Nebbou lo sabe aprovechar: con plena aquiescencia de la actriz, trata su rostro como un paisaje que llena, iba a decir ilumina pero suena demasiado panegírico, nuestro campo de visión. Es el valle monumental (en inglés suena fordiano) de un western íntimo de emociones y sentimientos. El problema está en el cariz de esos sentimientos. Porque la protagonista, Claire, se inventa un avatar al que llama Clara, le pone un rostro (el cuerpo se presupone) tres décadas más joven (pero para nada comparable al de la cincuentona que suplanta) y lo utiliza para seducir a un chico joven.

La relación se establece entonces sin contacto directo, que desvelaría el engaño, entre un joven a cara descubierta y una madura en pleno juego de rol. Es, sugiere el autor, como la versión 2.0 de aquella novela epistolar, «Las amistades peligrosas»; también porque la manipuladora, cuya motivación es de todos modos menos perversa, cae en la propia red que ha tejido. Pero la película, francesa al fin, también teje una tupida red textual: mezcla la acción real con la confesión a una terapeuta, los «chats» escritos y hablados de la pareja, y hasta una novela que la madura escribe a modo de exorcismo. Esto es menos complicado de ver que de explicar y la película al final cuenta una historia no demasiado compleja o novedosa: es sobre todo el rostro de Juliette Binoche lo que justifica verla.