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Crítica de «Cegado por la luz»: Irrumpir a la vida por la puerta de Springsteen

La fórmula germina por el trato amable de la historia, por el encanto de sus protagonistas, por la maravillosa fuerza o motor que los impulsa

El protagonista del filme, Viveik Kalra
El protagonista del filme, Viveik Kalra
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A la directora Gurinder Chadha se la conoce por aquel «Quiero ser como Beckham» y por su fusión con mucho aspaviento sentimental de lo indio y lo británico, que lo borda como si fuera un sari. Aquellos padres indios que viven en Inglaterra y que no entienden que su hija quiera ser como Beckham son ahora los mismos (es un decir) e igual de descolocados porque su hijo, el adolescente Javed, le encuentre el sentido a la vida con las canciones de Bruce Springsteen. Y la fórmula germina por el trato amable de la historia, por el encanto de sus protagonistas, por la maravillosa fuerza o motor que los impulsa (uno escucha y relee las canciones de Springsteen con la sensación de que se hubiera perdido algo en su momento). Se adorna la historia de superación de este joven con una descripción algo tópica de lo romántico y de la época, con Margaret Thatcher y sus revueltas sociales, aunque visto ahora, tal y como está el panorama, lo que pretende de crítica política más parece una invitación al conocido verso de Jorge Manrique.

Tanto el guion como la puesta en escena no tienen la pretensión de sorprender, sino de agradar y de entender los sentimientos de esos chicos y padres, y también, de paso, darle la importancia que tiene a ese paisaje interior con el que la música (la que sea) amuebla el alma durante ese periodo de la vida en el que los pies no tocan el suelo y buscan un carril, otro carril, por el que seguir. Sin ser un musical, «Cegado por la luz» introduce algunos momentos y coreografías como explosión de la felicidad o amargura del protagonista, aunque no son lo mejor de la película. Lo mejor son sus actores, tan expresivos y ávidos de su cliché, y el buen cuerpo que deja su historia.