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Crítica de «Cambio de reinas»: Príncipes y meninas

Una crónica más de privilegiados en el ejercicio de sus privilegios, con una interpretación anacrónicamente moderna de actrices que, lógicamente, no saben lo que hacía una menina cuando no hacía nada de particular

Imagen de «Cambio de reinas»
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Tras años de hostilidad entre Francia y España, el regente Felipe de Orleans concibe el arriesgado plan de crear lazos de sangre entre los dos países vecinos cruzando príncipes y princesas. Táctica habitual a lo largo de la Historia (como se le recuerda a una de ellas cuando protesta por este emparejamiento forzoso: su principal valor en la Corte y en la vida reside en garantizar el hilo dinástico), lo que tiene de particular el episodio que aquí se relata es la juventud de las protagonistas. Una tiene doce años y la otra ¡cuatro! Y hay que decir que la que se toma su papel de forma más seria es la segunda, sin dejar de agarrar siempre una muñeca en su manita; la preadolescente sufre una versión anticipada de rebeldía tipo edad del pavo, por esta vez justificada por lo forzado de su nueva condición.

Este tipo de relatos históricos están de moda, son la materia con la que se hacen hoy los best sellers. Y el cine nunca los descuida, porque tiene mucho de que aprovecharse. Los escenarios versallescos (estamos hablando de Luis XV), las pelucas desaforadas, el protocolo cortesano… son siempre muy resultones. Y esta película hace buen uso de ellos, aunque al final más que una lección de Historia lo que ofrece es una crónica más de privilegiados en el ejercicio de sus privilegios, con una interpretación anacrónicamente moderna de actrices que, lógicamente, no saben lo que hacía una menina cuando no hacía nada de particular.