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Oti Rodríguez MarchanteOti Rodríguez Marchante

Crítica de Bohemian Rhapsody: Línea clara para el dibujo de Freddie Mercury

«Es a la vez un espectáculo explosivo, enérgico y a la altura magnética del grupo y de su líder, y un recorrido más bien servicial por el yo y sus circunstancias de Mercury»

Rami Malek en Bohemian Rhapsody
Rami Malek en Bohemian Rhapsody
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El director Bryan Singer ha hecho mucho cine de aventuras y superhéroes desde «Sospechosos habituales» hasta aquí, esta película en la que parece querer enlazarlo todo, aventura, superhéroes y sospechosos habituales. La figura de Freddie Mercury y su reunión y éxito con los otros miembros del grupo Queen está contada de dos modos bien distintos: de manera excepcional en la música, actuaciones y puesta en escena de los protagonistas, y de manera convencional en lo que revela y oculta de unas relaciones y unas trayectorias personales que se amoldan con excesivo maquillaje y benevolencia a los «biopic» habituales. Es a la vez un espectáculo explosivo, enérgico y a la altura magnética del grupo y de su líder, y un recorrido más bien servicial por el yo y sus circunstancias de un tipo que, como Mercury, no se dejó ni un rincón oscuro por visitar.

Quedándonos en lo mejor de «Bohemian Rhapsody», hay momentos grandiosos en los que Singer consigue meter su ficción, sus actores y su recreación en algunos de los más grandes conciertos vividos, como el Live Aid organizado por Bob Geldof. Hasta el punto de que asalta la duda de si uno está viendo ahí a Rami Malek (el actor que lo encarna) o al propio Mercury. La interpretación de Malek, todo dientes, es tal vez lo más vistoso de la película y escala por el personaje, de menos a más, hasta emborronarse dentro de él. Aunque el guion no pasa de la línea de homenaje, y la puesta en escena sufrió cambios, parones, broncas y despidos (Singer no terminó de rodarla y Dexter Fletcher no comenzó a terminarla), lo cierto es que la historia de Freddie Mercury está lo suficientemente aguada como para que asuntos como el sexo, las drogas y los pasitos de baile por el infierno pasen por allí como de puntillas y con el emoticono del dedo en la boca. Como espejo del original, tiene un vaho que lo empaña; pero como montaje musical es un maravilloso espectáculo.