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Crítica de «El blues de Beale Street»: El amor tras el cristal

No teme afrontar directamente su delicada mezcla de indignación política y literatura poética que se funden bajo el manto de terciopelo de una historia de amor

Regina King y Colman Domingo, en una celebración con mucho blues
Regina King y Colman Domingo, en una celebración con mucho blues - ABC
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Presentado al cinéfilo internacional hace un par de años con el fabuloso retrato documental «I’m not your negro», James Baldwin ve su primera obra de ficción llevada a la pantalla por el gran Barry Jenkins, inesperado ganador del Oscar con «Moonlight», que aquí vuelve a mostrarse sobrado de talento. Jenkins, que se declara obsesionado por Baldwin, no teme afrontar directamente su delicada mezcla de indignación política y literatura poética que se funden bajo el manto de terciopelo de una historia de amor.

En su adaptación audiovisual, la belleza se cimenta en la foto de James Laxton (el mismo de «Moonlight»), una preciosa partitura de Nicholas Brittell y un concepto narrativo que es mérito exclusivo del guión y la dirección de Jenkins. A saber, un relato formado por escenas que, aunque pretendan seguir una sucesión lineal, funcionan como viñetas independientes en las que el tiempo se detiene y la acción se expande como cuando un músico toca una nota largamente sostenida. En viñetas como la primera entrega amorosa de la pareja protagonista, la reunión de las dos familias para dar noticia del embarazo de la chica (quizá lo mejor de toda la película), el soliloquio del amigo que acaba de salir de prisión, o las visitas de la joven embarazada a su amante, tras el cristal del mostrador de visitas de la cárcel… en esos momentos el tiempo (narrativo, sobre todo) parece remansarse para ofrecer una visión magnificada por la memoria, una instantánea atravesada por el dolor y el recuerdo del esplendor en la hierba (ya ven que no soy Baldwin precisamente). Si eso hace que la película parezca lenta, eso ya pasaba en la anterior pieza maestra de Jenkins: debe ser su marca de la casa.

En cuanto a Baldwin, lo triste es ver la actualidad de la novela que escribió hace medio siglo: Beale es la calle de Memphis en donde se dice que nació el blues, de ahí el título aunque la acción transcurra en Harlem. En algunas cosas, la canción triste de la negritud no ha cambiado mucho.