ES NOTICIA EN ABC

Crítica de «Blaze»: La canción más triste

La cinta dirigida por Ethan Hawke es un retrato más que veraz del mundo de músicos que no entran en la maquinaria de la industria

Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Blaze Foley fue un cantante más bien ignoto de la denominada Texas Outlaw Music. Pero no es necesario conocer esa tendencia de música «forajida», ni siquiera consumir habitualmente música country, para disfrutar de la recreación que hace de su figura Ethan Hawke, aquí guionista y realizador en vez de actor (aunque pone su cogote en pantalla). No sé si es un fiel retrato de artista, aunque el guión lo co-firme la que fuera su esposa: la familia de Foley ha puesto alguna objeción aunque ha dejado, y es un gesto decisivo, que utilicen sus canciones.

Lo que sí me parece «Blaze» es un retrato más que veraz de ese mundo de músicos que no entran («outlaws» son, pues) en la maquinaria de la industria; talentos en principio menores solo porque les falta el estrellato, no porque no se entreguen a su musa, y a todo de tipo de excesos, con el mismo celo que los más célebres juguetes rotos del firmamento pop.

El «arco» que describe Foley (excelente Ben Dickey, pero el resto del reparto es también magnífico) tiene un final previsible. No lo es tanto la forma no lineal de narrar de Hawke, un movimiento de flujo libre por su vida que recala en dos o tres escenas fuertes: como biopic, y no cabe mejor elogio, es digno de un Todd Haynes. Las canciones de Foley nos acompañan por el camino y hay que escucharlas. Nunca están de adorno y acaban convenciéndonos de su talento: podía haber sido como mis admirados Tony Joe White o J. J. Cale, un músico con raíces (ligeramente) más popular.