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Crítica de «Beast»: Almas en suplicio

El relato transcurre en una pequeña comunidad de la Isla de Jersey y se tambalea entre los elementos habituales del drama y del «thriller»

Johnny Flynn y Jessie Buckley protagonizan el filme
Johnny Flynn y Jessie Buckley protagonizan el filme - ABC
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El relato transcurre en una pequeña comunidad de la Isla de Jersey y se tambalea entre los elementos habituales del drama y del «thriller», con una joven insatisfecha y anhelante, una familia opresiva, un joven sospechoso e inadaptado, y la amenaza de una serie de crímenes por resolver. Podría no haber nada distintivo en esta película que firma Michael Pearce con otras muchas de asesino en la sombra y tensas relaciones personales y familiares, pero el tratamiento de los personajes, en especial los de la pareja de jóvenes, y el modo de hurgar en lo extraño de su naturaleza y relación le otorga una tensión especial y que ennoblece la mera investigación policíaca, arrancándola por completo de sus clichés habituales. La trayectoria del argumento no está sometida a las plantillas del género y es tan imprevisible como, a veces, incómoda. Y los momentos de angustia no los provoca lo que tiene de «thriller» sino lo que tiene de angustia dramática, como los que cruzan madre e hija (la madre, Geraldine James, es como el vaso de leche que le lleva Cary Grant a Joan Fontaine en «Sospecha») o como ese breve interrogatorio con la mujer policía que interpreta Olwen Fouere, de una crueldad de cuento infantil. Está filmada con mano dura, con atención al resuello de los planos que buscan el dolor de sus personajes centrales (Johnny Flynn y Jessie Buckley son un prodigio de opacidad y turbiedad), a los que no es fácil ni de entender, ni querer, ni despreciar. Una película notable, diferente, aunque el espectador no encontrará fácilmente su sitio ante ella.