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Crítica de Asesinato en el Orient Express: A Hercules Poirot le faltan kilos

¿Qué le añade esta versión Branagh a la de Lumet?, pues tecnología, presunciones de cámara y algo de intención (no muy buena) al personaje de Hercules Poirot

Crítica de Asesinato en el Orient Express: A Hercules Poirot le faltan kilos
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Quien no se sepa la historia por haber leído la novela de Agatha Christie, se la sabrá por haber visto la adaptación que hizo Sidney Lumet en 1974, con lo que no le resultará fácil ahora a Kenneth Branagh sorprender a nadie con lo folclórico e ingenioso de ese desenlace sobre quién es el asesino a bordo de ese tren imparable. ¿Qué le añade esta versión Branagh a la de Lumet?, pues tecnología, presunciones de cámara y algo de intención (no muy buena) al personaje de Hercules Poirot que él mismo interpreta y que aquí está más preocupado por lucir bonito que de comérselo con una buena salsa provenzal. Le pega preámbulos, exteriores y tren bala a lo que debiera ser una función de interiores, un texto lleno de sutilezas y unas interpretaciones majestuosas (aquel elenco, con Finney, Bacall, Bergman, Connery, Perkins, Bisset…).

La escritora planteaba en esta novela, como en muchas otras, un único escenario y una situación criminal, y busca el entretenimiento de sus lectores en ese ir y venir de sospechas sobre quién es el asesino. Kenneth Branagh por fuerza ha de buscar que el entretenimiento se produzca de otro modo, pues cuenta con que la mayoría de los espectadores ya sabrá el desenlace. Lumet explotó con talento el encanto de sus estrellas y su capacidad para interpretar sus dobles personajes, y a Branagh se le quedan a medio camino sus personajes y los actores, también estrellas, que los interpretan, desde un Johnny Depp fuera de foco a un Willem Dafoe insustancial, o una Penélope Cruz muy en el vagón de segunda… Es imposible que estén mal Derek Jacobbi y Judi Dench, pero… Y sí consigue algún pellizco interesante Michelle Pfeiffer. Aunque el que más lejos está de Agatha Christie es el propio Kenneth Branagh y su interpretación de Poirot, quien por varias razones, como el sentido del humor, el de la justicia y el de la nostalgia, le resultaría irreconocible a la pluma de la escritora y a la memoria de su lector.