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Crítica de «After»: El primer amor es lo que tiene

Sentimientos más o menos reales a los que las canas y las puñetas no les otorgan el valor de dos reales

Imagen de «After»
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Los primeros y desmedidos amores adolescentes son un material inflamable para la literatura o el cine, y contra el que el que el fulano adulto está revestido con un traje ignífugo, y cuanto más primero y desmedido sea, pues más ignífugo es el traje, y se suele alojar esa historia de pasiones y pérdidas de inocencia poco menos que en el género de la ciencia ficción. En fin, sentimientos más o menos reales a los que las canas y las puñetas no les otorgan el valor de dos reales. La directora Jenny Cage mete en la pantalla la primera obra de Anna Todd, con cuyos personajes, Tessa Young y Hardin Scott, luego hizo una serie de novelas como la vida misma, o como esa vida misma.

Tessa y Hardin se conocen en su primer año de Universidad, mundos opuestos y alma común, y el guion y la cámara se desviven para que entendamos sus interiores mediante una ágil, pero también ñoña y ritual coreografía de los te miro, no te miro, me acerco, me retiro, te entiendo, no me entiendes… Los conflictos, tremendos si aún puedes leer sin gafas de cerca, tienen los perfiles adecuados: la familia, el entorno, los amigotes y ese mí mismo y mis pesares que son el perejil de esos despertares a la vida amorosa. Los actores, Josephine Langford y Hero Fiennes Tiffin, están (o son) perfectos para la empresa de encarnar a esos dos seres que se licúan frente a frente y que se dicen cosas realmente estupendas. Podría decirse que el conjunto está bien equilibrado: trata sentimientos muy, muy profundos, sin por ello perder toda su superficialidad.