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Crítica de «70 binladens»: Las actrices mandan

El director, Koldo Serra, mantiene bien sujetos los tres géneros, drama, comedia e intriga, en el único espacio en el que se desarrolla la trama, con breves salidas al exterior para reforzar aún más el aislamiento (policía a manta)

Emma Suárez en «70 binladens»
Emma Suárez en «70 binladens»
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Emma Suárez es una actriz portentosa en el drama, sugerente en la comedia y, por lo que se ve aquí, magistral en las películas de atracos, que suelen tener sus leyes internas y que «70 binladens» se las salta y altera muy eficazmente para incorporar con gran control el drama y la comedia a la historia. Todo ello medido y matizado por un magnífico guion y por unas interpretaciones que le procuran al relato todos esos colores genéricos. El atraco es a una pequeña sucursal de un Banco de barrio, al que acude el personaje de Emma Suárez empujada por una situación crítica que se apunta en el preámbulo. La irrupción de Nathalie Poza y de Hugo Silva, los atracadores, advierte de que la situación va a estar impregnada de comedia: no hay plan, solo agresividad, macarrería y falta de profesionalidad, lo cual, además de un nervioso sentido del humor contribuye a la sensación de peligro y de urgente intriga…

El director, Koldo Serra, mantiene bien sujetos los tres géneros, drama, comedia e intriga, en el único espacio en el que se desarrolla la trama, con breves salidas al exterior para reforzar aún más el aislamiento (policía a manta), y son los guiños y vueltas del guion, y la relación cambiante e insospechada de los personajes, los que conducen la trama de un modo escurridizo, como un pececillo en el escaso balde de agua que es el fondo del argumento. Son fundamentales para la vistosidad de esta película el modo en que construyen sus personajes Nathalie Poza y Emma Suárez; la primera, explosiva, letal, con un ojo a la virulé y una chabacanería de patio de presidio, y la segunda, su completo reverso, sutil, manipuladora, solapada y la única que tiene un plan (las circunstancias y el guion lo puntúan, lo revelan y lo esconden con la precisión de un solo de guitarra) en ese atrabiliario atraco.

Lo único que se le podría reprochar a «70 binladens» es falta de ambición, de grandeza o trascendencia, pero es precisamente esa falta la que le abastece ligereza, frescura, entretenimiento y sorpresa.