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Crítica de «7 razones para huir»: Menos de relato pero más de salvaje

Su mejor energía esté destinada a avisar de algunos lodazales éticos y sociales en los que el mundo actual chapotea habitualmente sin reflexión, entre frases hechas, consignas de camiseta e ideas recalentadas

Fotograma de «7 razones para huir»
Fotograma de «7 razones para huir»
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Esta película rebanada en siete «cortos» exageradamente salvajes tiene la triple intención divertir, desconcertar y alertar, y cada uno de esos relatos le impone al espectador unas situaciones absurdas, muy incómodas, sacadas a empujones de ese territorio tan difícil de vallar hoy en día como es la lógica y en un tono negruzco en su sentido del humor que explosiona más en la tripa que en las zonas nobles del pensamiento.

Aunque su mejor energía esté destinada a avisar de algunos lodazales éticos y sociales en los que el mundo actual chapotea habitualmente sin reflexión, entre frases hechas, consignas de camiseta e ideas recalentadas. El aborto, la emigración, el abuso laboral, la incomunicación disfrazada de globalidad, la falta de escrúpulos, de humanidad, de compromiso…, asuntos a los que el ser humano dedica miles de palabrerías y posturitas, pero muy escasa meditación y ningún calado. La puesta en escena es sencilla, funcional, por completo de interior (la falta de sol, luz y aire libre, además de un mayor vuelo en el plumeo del guion y en la ambición visual, la separan un tanto de su modélico precedente, «Relatos salvajes») y basada en las interpretaciones de su extenso y valioso equipo actoral. No llega a entrar a los lugares que pretende, pero, digamos, que sí consigue aporrear la puerta.