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Cantábrico (****): Festín de naturaleza y vida

Joaquín Gutiérrez Achatrae un documental en estado puro sobre la increíble e insospechada vida que existe en la cordillera Cantábrica

Tráiler de Cantábrico
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Aunque la imagen del póster de la película es un prodigio de matices, sugerencias y significados (sobre la narizota de un gran oso pardo descansa una mariposa), no es más que un canapé de la inagotable comilona visual que le espera al espectador de esta película, un documental en estado puro sobre la increíble e insospechada vida que existe en la cordillera Cantábrica, tan palpitante, curiosa, diversa y polícroma como una tarde navideña en el paseo peatonal de una gran ciudad. Joaquín Gutiérrez Acha, documentalista de prestigio («Guadalquivir», «El latido del bosque»…), demuestra aquí que también posee la rara cualidad del hombre sabio, o santo, el vértice de la quietud y la paciencia, de las cuales ha tenido que derrochar para que su cámara capte las imágenes nunca vistas de animales (casi) nunca vistos, al menos en su estado natural.

No hay aliños, salvo breves y certeros comentarios, una banda sonora impregnada de la música del lugar y la fauna sin guión, en la cotidianidad de su vida y en perfecto acorde con su quehacer de temporada. Es un corte transversal a la naturaleza, con animales de todo tamaño y condición, al modo de una planta miscelánea de gran almacén, y sin la presencia en campo del ser humano, aunque se intuye que muy cerca de todo eso la vida del hombre pringa el paisaje de otra música y otros ritmos.

Al parecer (soy lego en el asunto), se captan momentos insólitos y de interés incalculable para zoólogos y estudiosos del mundo animal, como las coreografías de apareamiento del urogallo, las andanzas del lince, las técnicas de caza de los lobos o de ciertas plantas carnívoras…, pero, desde una perspectiva exclusivamente cinematográfica, la calidad de lo que se ve, se oye y se siente en «Cantábrico» puede añadirse, sin necesidad de Biblia para jurarlo, a la categoría de lo nunca visto.