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Crítica de «78/52. La escena que cambió el cine»: Higiene fatal

«Alegra ver cómo van llegando películas que periodizan la rica historia del cine con los medios del cine: esta se centra en la célebre escena de la ducha de Psicosis»

Escena de «78/52. La escena que cambió el cine»
Escena de «78/52. La escena que cambió el cine»
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Alegra ver cómo van llegando películas que periodizan la rica historia del cine con los medios del cine: esta se centra en la célebre escena de la ducha de Psicosis. Y ese es su mérito, la enfoca de manera metódica y obsesiva, sin distraerse en contarnos lo genial que era Hitchcock, como hacía ese otro documental «Hitchcock/Truffaut»: aquí los tertulianos son menos famosos pero, por una vez, hablan del qué y el cómo, de los elementos que hacen que la ducha sin final feliz de Janet Leigh sea un hito del séptimo arte. Algún invitado es un friqui (el actor Elijah Wood) y otros, sospechosos directores de terror que casi celebran (solo) que Hitchcock les abriera las puertas de un cine gore más visceral… sin entender su gran lección: la ducha es un acto de prestidigitación en el que creemos haber visto mucho más de lo que en realidad hay.

Pero hablan también artífices del montaje, como Walter Murch, y otros que dan toda una lección magistral de análisis formal, algo que parecía cosa de profesores que sólo podemos hacer algo así en el reducto de un aula. Y, lo mejor, todo esto sin perder un sentimiento general de pasmo y maravilla ante dicha escena que evoca aquella otra tertulia (esta sí, gravemente peligrosa) de fans fatales de «El resplandor» que era –búsquenla– «Room 237», la mejor ilustración del análisis delirante que postulaban surrealistas como Dalí.