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Las críticas de los estrenos de la semana

¿No sabes qué película ver? Nuestro críticos te desvelan las claves de la cartelera para que aciertes en tu elección

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«Astro Boy»

POR JAVIER CORTIJO

A pesar de su aspecto lozano, Astro Boy es el abuelo de los dibus «anime» y su creador, Osamu Tezuka, el heredero de las míticas teorías ético-robóticas de Asimov, engrasadas por Aldiss y sus «superjuguetes». Así, es una pena que David Bowes («Ratónpolis») haya convertido a este Pinocho metalizado en un bonito pero simple pasatiempo infantil, despojándole de la presumible y gloriosa profundidad inyectada por un Pixar cualquiera. Pese a todo, escenas como el ciber-circo o la batalla «transformer» y pellizcos de emoción paternofilial elevan el conjunto, si no a niveles supersónicos, sí a altitudes a ras de corazón eléctrico.

«Elisa K»

POR JOSÉ MANUEL CUÉLLAR

Una niña de diez años es violada en su casa. La violación se produce con su padre echando una cabezada en el sofá de al lado y su hermano columpiándose en la terraza, a casi tiro de vista. Lo insólito del hecho no resta credibilidad a una narración de por sí tremenda, si bien un leve giro, cualquiera, a dicho hecho, habría completado un trabajo meritorio casi de principio a fin. La niña pierde la memoria del vil acto y la recupera catorce años después, con el consiguiente drama. Eso es todo, y es mucho. Con tan breves argumentos, Collet y Cadena levantan una obra que se alimenta de los silencios, del horror que produce el recuerdo y de una catarsis que, aun sin aristas cortantes, anuncia todo el drama que produce un hecho así. No es fácil ponerse en la piel de esta Elisa, ni bucear en sus entrañas ni lograr desentrañar todo lo que puede sentir un ser violentado. Y sin embargo, «Elisa K» deja durísimos jirones que permite entrever el drama por el que pasa una mujer a la que de pronto se le agolpan los peores recuerdos. En el dibujo del drama encontramos el valor de este trabajo, una obra elaborada a la intemperie, sin un solo velo que oculte la tragedia.

«Come, reza, ama»

POR FEDERICO MARÍN BELLÓN

El star system nació gracias a gente como Julia Roberts, a seres privilegiados que asoman su rostro a una pantalla y, sin hacer nada especial ni ser los más guapos, consiguen que al público le entren ganas de ir a verlos. A falta de otras certezas, quedó claro que ellos tenían la sartén y los contratos por el mango. Julia ni siquiera ha necesitado participar en una sola obra maestra o completar una actuación «de Oscar». Luego hay actores como Javier Bardem, quien tuvo que sudar hasta la última gota de talento para que su aspecto brutote no eclipsara al genio que lleva dentro. La ventaja del primer genotipo es que luce casi en cualquier circunstancia. Javier no. Si el guión no está a la altura o el proyecto no le entusiasma, le sale el ramalazo cristinobarcelona. «Come, reza, ama» es la segunda película de Ryan Murphy, creador televisivo de moda gracias a las arriesgadas series «Nip/Tuck» y «Glee». Aquí juega más sobre seguro, en teoría, y trata de ofrecer al público un pastel romántico al uso —sólo falta que repitan eso de «amar es no tener que decir nunca lo siento»—, con el aliciente de traerse ingredientes exóticos al paso de Julia por Roma, la India y Bali. Tanto vuelo siempre genera algún retraso y el recorrido termina por hacerse largo. Pero qué quieren. Comen, rezan y aman, que no es poco.

«Carancho»

POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE

Los accidentes de tráfico, las indemnizaciones de las compañías de seguro, el cliente desvalido o avispado, el abogado rapaz, los servicios de urgencias atestados y los médicos timberos… Un paisaje nocturno, un clima irrespirable, sucio, un género negruzco y retintado de sangres y pasiones, una cámara ágil, fisgona, despreocupada por la comodidad y sosiego del espectador. «Carancho» es una película potente, que encara un asunto feo y que presenta a unos personajes encallecidos también por su lado grato y esponjoso. Ricardo Darín está en su registro favorito de canalla con corazón, alguien que puede hacer creíble y compatible el estercolero como lugar de idilio, y junto a él, Martina Gusman, una actriz con una asombrosa cara de persona. Ambos padecen el argumento de la película y transmiten toda la sensación de riesgo, fatalidad, desesperación y lío que destila la trama, aunque ésta circule en varios sentidos y múltiples direcciones a la vez. Es cierto, hemos visto antes esta película en muchas ocasiones, pero no en todas ellas había tanta trabazón entre cámara, clima, personajes e intérpretes.

«El gran Vázquez»

POR E. R. M.

Fresco aún su paso por el festival de San Sebastián y pendiente de si estará o no en el palmarés, «El gran Vázquez» se instala en su lugar natural, la sala de los cines, donde el espectador podrá comprobar sus muchas cualidades en ese terreno. El director Óscar Aibar hace un retrato divertido, cínico, melancólico y surrealista de una persona y un personaje, Manuel Vázquez, dibujante de historietas en la España cañí y vividor a costa de cuantos tenía alrededor, sus propias familias, los tenderos, barman y sastres de su ciudad (una Barcelona de tebeo) y hasta sus propios jefes de la editorial Bruguera, a los que sacó la pasta para enterrar a su padre, más vivo aún que él, en tres ocasiones. Película y personajes, pues, de contornos irreales que presenta un mundo tan ficticio como preciso y gracioso en su esperpéntica descripción del lugar, la época y la moral, y con unas interpretaciones clavadas en línea y estilo al espíritu de los tebeos que las envuelven, en especial la de Santiago Segura, muy fino en el brochazo de su personaje, gracioso, patético, extravagante, entrañable, miserable… Pero también la de ese mazo de secundarios que recuerdan lo mejor de otra época de nuestro cine, con Mercé Llorens, Enrique Villén, Álex Angulo.