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Bardelona

Alejandro González Iñárritu. País: México, España. Año: 2010. Duración: 145 minutos. Actores: Javier Bardem, Maricel Álvarez, Blanca Portillo, Rubén Ochandiano, Martina García, Eduard Fernández, Karra Elejalde, Ana Wagener.

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El azar como motivo o detonante ha desaparecido del universo cinematográfico de González Iñárritu junto a su guionista de cabecera, Guillermo Arriaga: se fue Arriaga y se llevó con él ese cruce de casualidades que había sido hasta ahora el cine de ambos. En «Biutiful» queda mucho de la fatalidad, del culto al accidente, a la enfermedad y a la muerte de «21 gramos», «Babel» o «Amores perros». Y mucho también de esa sensación de cine hecho a trompicones, a golpes de genio y emoción desorbitada..., el drama que se relame las heridas.

Historia terrible, asfixiante, extremada que coge a un personaje con el tejadillo tan lleno de goteras (físicas, personales, familiares, sentimentales...) y que usa al espectador como paraguas: película, pues, para los que les gusta abrirse en el cine y sufrir con resignación. Rodada en una Barcelona que es la contraportada de la de Woody Allen, en la que el frío, la sordidez, la escasez y el dolor provocan la luz y la temperatura de la pantalla y en la que la fotografía de Rodrigo Prieto consigue hacer visible lo invisible (una Barcelona de alcantarilla) e invisible lo visible (una cámara allí).

El personaje lo interpreta Javier Bardem, que huele más a muerto que Bruce Willis en «El sexto sentido» y que habla con ellos cuando son recientes... Pero «Biutiful» habla de otras cosas: el sentido de la paternidad, de la responsabilidad, de las incumbencias, y todo ello queda feamente retratado en la relación de ese hombre con sus hijos, con «sus» inmigrantes (es un profesional del trapicheo y sus obligaciones), con su esposa (la interpretación de Maricel Álvarez es prodigiosa, más próxima a la tripa que al corazón)...

Es cierto que la tragedia de Uxbal (Javier Bardem ganó el premio de interpretación en Cannes por la fuerza con que este Uxbal le agarra al espectador por el pescuezo) se come o diluye a las otras tragedias, la de la inmigración, la de la pobreza, la de la muerte indigna..., y que la ansiedad lírica de algunos pasajes se hace demasiado notoria. Pero así era y es el estilo de Iñárritu.