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Berlanga, el mago de la luz y las sombras

Luis García Berlanga y Martí, nacido en Valencia el 12 de junio de 1921, se definía como una persona tocada de «un cierto pesimismo, un fanatismo ante las circunstancias históricas y una fuerte dosis de nostalgia»

Luis García Berlanga - RAÚL DOBLADO
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Figura insustituible en el cine español de los últimos cuarenta años, Luis García Berlanga siempre permaneció fiel a su amor por la cinematografía y al objetivo de su cámara, como lo explican sus propias palabras: «Sea arte o no, seguiremos buscando en el cine la emoción de la luz y las sombras, el extravío del espejismo, hasta lograr como aspiración del corazón la disolución total de nuestra conciencia perdidos en el encantamiento arrebatador de esa fábrica de sueños que, no lo olvidemos, se inventó simplemente como juguete recreativo». Se definía como una persona tocada de «un cierto pesimismo, un fanatismo ante las circunstancias históricas y una fuerte dosis de nostalgia».

Luis García Berlanga y Martí nació en Valencia el 12 de junio de 1921 en el seno de una familia burguesa. Era hijo de un terrateniente con ideas republicanas y un tanto ateas opuestas al catolicismo que profesaba su madre. Estudió en los jesuitas de Valencia y también en Suiza. Posteriormente comenzó la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Valencia, pero abandonó los estudios para enrolarse en la División Azul. De vuelta de Rusia se dedicó a la pintura, a la poesía y a la crítica cinematográfica. Su vocación de director surgió a raíz de ver en su ciudad natal «El Quijote» de Pabst, momento que solía recordar: «Los grises fabulosos de la película dejaron huella en mí y me dije: esto es lo que yo quiero lograr con la pintura y no lo consigo. Y decidí intentarlo dirigiendo cine».

Comenzó su andadura profesional dirigiendo el cine-club del SEU en Valencia. En 1947 ingresó en la Escuela Oficial de Cinematografía, en donde realizó algunas películas de ensayo como «El circo» y también algunos documentales y guiones. Ganó su primer premio en 1950 por el guión «Familia provisional», escrito en colaboración con Jose Luis Colina. Obtuvo el diploma como director de cine con su película de prácticas «Paseo por una guerra antigua». Compañero de Juan Antonio Bardem, debutó en el mundo de la realización dirigiendo conjuntamente con él «Esa pareja feliz», en 1951. Dos años después realizó en solitario «Bienvenido, Mr Marshall», sobre guión suyo, de Bardem y de Mihura, que fue premiada en el festival de Cannes. Con esta película, Berlanga comenzaba a ser conocido en los circuitos internacionales, al tiempo que sentaba las bases de lo que sería su cine, a caballo entre el humor y la ácida descripción de la España contemporánea.

En 1954 estrenó «Novio a la vista», que pretendía ser una sátira de los felices «años veinte». Dos años después confirmó su calidad como director con «Calabuch», coproducción hispanoitaliana que obtuvo el Premio de la OCIC en el festival de Venecia y unas críticas muy favorables.

Las visiones de Berlanga

La crítica considera a Berlanga como uno de los más rigurosos cineastas españoles por sus despiadadas visiones de cuestiones como la religión, la caridad como institución social y la pena de muerte. «Los jueves, milagro», de 1957, catalogada por algunos críticos como una de las mejores películas de asunto religioso hecha en España. «Plácido», de 1961, constituye un fiel reflejo de la falsa caridad. Con esta obra obtuvo varias distinciones internacionales, entre ellas la nominación para el Oscar de Hollywood.

Con guión suyo y de Rafael Azcona, en 1963 estrenó «El verdugo». El filme representó a España en Venecia y ganó el premio del «humor negro» concedido por la crítica francesa. Exhibido en el Festival de Moscú de 1965, recibió encendidos elogios de la crítica soviética. A pesar de los múltiples reconocimientos internacionales, el cine de Berlanga se vio agredido por la censura, hasta el punto de que en los años sesenta el director valenciano casi no pudo trabajar de realizador y tuvo que orientar su actividad hacia la Enseñanza en la Escuela Oficial de Cinematografía, a la vez que se dedicaba a elaborar guiones imposibles. Según Berlanga, «con la censura se perdía lo más facultativo que tiene el hombre: la individualidad»

Todas estas razones le llevaron a viajar a Argentina, donde realizó «La boutique» en 1967. La película no triunfó y el director se distanció del cine hasta 1971, año en el que rodó «Vivan los novios». Al poco tiempo dirigió en Francia «Tamaño natural». Con este largometraje, Berlanga quiso romper con sus mitos, los fantasmas de la España de la posguerra, para entrar en unos personajes más universales que mostraban otro tipo de traumas y prejuicios.

Sus mayores éxitos

Después de la muerte de Franco alcanzó su mayor éxito de taquilla con «La escopeta nacional», que supuso un intento de recuperación de su cine tradicional adaptándolo a la nueva situación política de España. Nombrado presidente de la Filmoteca Española en 1978 durante su presidencia cabe destacar la recuperación del Cine Doré como sede estable para las proyecciones de la Filmoteca, dos años después la Dirección General de Promoción del Libro y la Cinematografía le concedió el Premio Nacional de cine como reconocimiento a su producción y a sus esfuerzos destinados a la difusión del patrimonio cinematográfico español.

En 1986 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes por considerarle «uno de los grandes creadores cinematográficos de nuestro tiempo que recogía en todas sus obras, con ejemplar independencia, un análisis crítico y sonriente de la sociedad española». Ingresó en la Real Academia de Bellas Artes en 1988. Al año siguiente fue investido doctor «honoris causa» por la Universidad Complutense de Madrid.

Luis García Berlanga fue un moderno autor costumbrista que supo obtener el máximo provecho de sus personajes. Le gustaba enredar las situaciones creando atmósferas de expresiva confusión. Todas sus producciones pretendían ser un espejo en el que todos pudieran mirarse. Calificaba a sus personajes de «antihéroes» y a sus películas como «crónicas de un fracaso». Sus primeros títulos respondían a un humor tierno, melancólico con resonancias ambientales de la «belle époque» con una especial predilección por los pueblos pequeños y las gentes burguesas. Uno de los grandes logros del cine berlanguiano fue su habilidad para conectar con el espectador tanto «culto» como «popular».

Otra de sus pasiones era la literatura erótica. Dirigió la colección de novelas «Sonrisa vertical». Sus ideas sobre el asunto se pueden resumir con esta frase: «el erotismo es la pornografía vestida de Christian Dior».