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«La legión del águila»: Romanos contra escoceses

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La épica es al cine de aventuras lo que el pitillo al cine negro o el beso final al romántico..., le proporciona el clima, el olor, el sentido, y «La legión del águila», que es una película de romanos como metidos en una historia de militares de West Point, es un cartón de cigarrillos y un beso a tornillo de pura épica. El director es Kevin MacDonald, pero podría haber sido Mel Gibson, pues el trote argumental de la película está más cerca de, por ejemplo, «Apocalypto», que de «El último rey de Escocia», por poner un título anterior de MacDonald.

Legiones romanas en la Britania preartúrica, una deuda de honor que un hijo pretende reparar de su padre, una empresa imposible que cumplir, una amistad entre rivales cuajada de lealtad, integridad, respeto y prez, unas batallas que si las hubieran filmado en 3D le habrían llovido piezas dentales a los del patio de butacas... En fin, un aromilla a mohicano en este último romano y un vistazo a una época en la que el gran muro no separaba Berlín, sino el Norte de Escocia del resto de la isla, ya romana.

La aventura reposa por completo en los hombros de un legionario (Channing Tatum) y de su esclavo celta (Jamie Bell, el ya no tan niño Billy Elliot), y en ese total mano a mano es donde se echa a faltar un elemento clave del cine de aventuras, «la chica», pues no hay asomo de ella en la pantalla. También resulta algo chocante el nivel de exotismo que tenían entonces los británicos, pues MacDonald, nacido en Glasgow, los retrata emplumados, pintarrajeados y asilvestrados como los punkis de los setenta, mientras que a los romanos (y Donald Sutherland es uno) sólo les falta el fular.