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entrevista

«He hecho muy malas películas, horribles interpretaciones»

El actor Javier Bardem es candidato al Goya, al BAFTA y al Oscar por «Biutiful», el papel «más difícil» de su vida

<a href="">Javier Bardem</a> - REUTERS
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Javier Bardem (41 años) fue el primer actor español en ganar un Oscar, por «No es país para viejos». Incluso le consiguió la parejita, si tenemos en cuenta el que consiguió Penélope Cruz. Y mientras ella volvía a recibir una nueva nominación el año pasado, ahora le toca el turno a Javier con otra nominación por «Biutiful», que también es candidata como mejor película extranjera.

—¿Con la posibilidad de ganar un segundo Oscar podemos decir que es el actor español con más éxito y reconocimiento internacional?

—Es una frase bastante larga, pero suena bien.

—¿Cómo imagina el resto de su vida, al darse cuenta de todo lo que ha conseguido?

—No sé por qué hago todo esto. Tendré que hablar del tema con mi terapeuta. En realidad, si llegué hasta aquí es porque he tratado de trabajar lo suficientemente bien como para saber que también he hecho muy malas películas, horribles interpretaciones. Algunas pudieron ser buenas, pero lo cierto es que tuve muchísima gente genial en España que me brindó su confianza y es algo que no se puede buscar. Sucede o no sucede.

Javier Bardem es el más joven de una familia de actores. Su abuelo Rafael ya había hecho mas de 100 películas y su madre, Pilar, otras 30 cuando Javi debutó en «El Pícaro», con apenas cinco años. En la adolescencia trabajó en varios programas de televisión o salía de giras con algunas obras de teatro. «Como todos los actores del mundo, he trabajado como camarero, también he dibujado en revistas, he trabajado en la calle, en la construcción, como obrero, poniendo ladrillos, en seguridad, en conciertos al aire libre, como ayudante de pastelería. He hecho muchas cosas».

Llamó la atención al lado de Penélope Cruz en «Jamón Jamón», pero el reconocimiento internacional llegó con «Antes que anochezca», una historia con la que consiguió la primera nominación al Oscar para un actor español. «Al Pacino me llamó un día, a las tres de la madrugada, para decirme que le había gustado la película. Y para mí, Pacino es un dios. Esa llamada me impresionó mucho, me quedé temblando». Y aunque aquella vez Russell Crowe terminó ganando el Oscar por «Gladiator», Javier cumplió el imposible sueño ocho años después. El año pasado pudo haber repetido la misma experiencia que tuvo Penélope Cruz con «Nine», película en la que Bardem había estado involucrado.

—¿Qué pasó realmente? ¿Es verdad que abandonó el rodaje después de los ensayos?

—No es cierto. Nunca lo hice y quiero que lo escribas. Rob Marshall es un ángel, trabaja durísimo. Es uno de los hombres más dulces de la tierra, uno de los profesionales más increíbles que he conocido. Lo cierto es que confió en mí y se suponía que íbamos a hacerla, pero yo fui el que no pudo. Él lo entendió y respetó que después del Oscar, yo estaba cansado y necesitaba volver a una película en español.

—Y se dio el lujo de dejar atrás otra oportunidad para el Oscar.

—Después de «No es país para viejos, necesitaba volver a mis raíces, explorar mi propio idioma. Y Rob Marshall lo sabía, lo respetó y me apoyó. Siempre se lo voy a agradecer.

—¿Se nota la gran diferencia entre las películas que se hacen por dinero o por razones artísticas?

—No sé como responder. Por lo general, las películas que me gustan son las que no me pagan nada. Aquellas que me vuelven loco no me pagan lo que me gustaría. Pero nunca me importó, porque sé que tengo trabajo, vivo bien. No tengo un estilo de vida lujoso. Puedo comer, tengo un buen techo. Que me paguen por hacer lo que me gusta es suficiente, aunque a veces no me paguen nada.

—¿Como en «Antes que anochezca»?

—Sí, pero era lógico. Era una película donde el gran Julian Schnabel, mi amigo, me había dado toda su confianza, pero el resto se preguntaba quién era yo. Hay ciertas cosas que valen mucho más que el dinero. Y lo que él hizo fue increíblemente valioso.

—En el año 2010 lo vimos en «Come, reza, ama», con Julia Roberts, y en «Biutiful». ¿Cuál llegó primero?

—Seis meses después de «Biutiful», mi representante me había dicho: «Hay una posibilidad de hacer algo en Bali con Julia Roberts». Y enseguida dije «Vamos». El director me preguntó si me había gustado el guión y yo no sabía nada, solo quería saber cuándo empezaba el rodaje.

—¿Sabiendo que González Iñárritu había pensado en usted fue más difícil rechazarla?

—Realmente no, porque es un hombre inteligente y me dijo: «Escribí esto para ti, pero puedes rechazarlo».

—¿No se sintió presionado?

—No, de verdad. Me sentí gratificado, porque me gusta su trabajo y yo siempre le había pedido hacer algo.

—¿Qué destaca después de tantos sufrimientos en «Biutiful»?

—Todos los que la ven vuelven a su casa para abrazar a sus familiares y sus hijos. Es algo bueno. Prefiero este estilo de cine que una película donde todos los cerebros explotan. Nuestro mensaje es mucho mejor.

—¿Es inevitable sufrir como el personaje de la película?

—No hay forma de tratarlo. De lejos es el papel más difícil de mi vida. No sé si voy a poder hacer algo así otra vez. No es posible vivir psicológicamente así durante cinco meses. Es mi trabajo, pero también es mi trabajo saber salir de ese nivel emocional. No es como las matemáticas, depende del estado emocional, de la gente que nos rodea y el material con que trabajamos. Todo eso combinado puede explotar y así fue conmigo, pero aquí estoy, hablando en la distancia.

—Iñárritu dijo que usted es como dos perfeccionistas neuróticos que nunca están satisfechos.

—Empecemos la fiesta...

—Dijo que a veces usted necesitaba cuarenta tomas. ¿Semejante perfección lo hace tan feliz?

—Por supuesto que no, pero desde que leí el guión, conociendo a Alejandro, sabía que íbamos a tener un viaje muy difícil. Él te propone una experiencia de vida, no un trabajo. Por eso lo leí tres o cuatro veces, antes de aceptar. Fueron cinco meses, doce o catorce horas diarias, con un hombre que le encanta hacer veinte tomas. Fue una locura.