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Los Coen como abrelatas de la Berlinale, que hoy se inaugura

Su western «Valor de ley» dará paso a un programa «menos denso» que otros años

Los Coen, en pleno rodaje - ABC
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Por algo se es el motor de Europa: el Festival de Berlín se inaugura este año con «Valor de ley» un día antes de que esta película de los Coen salte a las pantallas comerciales españolas. La adaptación casi al pie de la letra (pero con otra música más negra) del western clásico de Henry Hathaway abre una Berlinale que, según su director, Dieter Kosslick, tiene este año un programa más compacto y menos denso, sin que sepamos todavía cuál es la idea que tiene este hombre de lo compacto y de lo denso. Una mirada a los directores y cinematografías que compiten por el Oso de Oro no da la sensación, precisamente, de porosidad o ligereza.

Tal vez se refiera Kosslick más a la cantidad (sólo dieciséis títulos en la competición oficial) que a la vivacidad y «marcha» de los directores, pues hay entre varios de ellos una pugna por convertirse en el Eric Clapton o el Morante del cine, en el «mano lenta» de la narración, como el húngaro Béla Tarr o el argentino Rodrigo Moreno. Habrá que estar muy pendiente de la nueva película del iraní Asghar Farhadi (el de «A propósito de Eli»), quien hará además de palanca para mantener presente al gran ausente de esta edición, el cineasta iraní Jaffar Panahi, condenado a seis años de cárcel en su país por poco más que mirar malamente a Mahmud Ahmadineyad, ese hombre de las chaquetas de «sepu» que preside Irán. Así como de la primera de Ralph Fiennes, «Coriolanus», protagonizada por un actor tan alejado de lo shakespeariano como Gerard Butler.

El cine español no ha encontrado su hueco en la sección competitiva, algo que no le ha ocurrido al coreano, presente con Lee Yoon-ki, o al ruso, con Alexander Mindadze. El cine alemán llega con Ulrich Köhler, con Miranda July, con Andrés Veiel y como coproductor de la mexicana «El premio», de Paula Markovitch... Y el cine americano en competición es peculiar, pues lo traen Joshua Marston (en coproducción con, entre otros, Albania); y un par de debutantes, JC Candor, que se estrena con «Margin Call», un drama financiero cuajado de estrellas, y la actriz Victoria Mahoney, con «Yelling to the sky».

Un programa variopinto

En el apartado sesiones especiales es donde se puede encontrar eso que Dieter Kosslick consideró «programa variopinto», pues al fenómeno 3D se ha pegado Wim Wenders, con una película sobre la compañía de danza de Pina Bausch, y también estará Werner Herzog con el documental «Cafe of Forgotten Dreams». O lo más especial de todo, que es el documental de Isabel Coixet titulado «Escuchando al juez Garzón», la gran aportación del cine español este año a la Berlinale, junto a la película «Unknown», de Jaume Collet-Serra, protagonizada por Liam Neeson, y a la presencia de Carmen Maura en «Almanya», una comedia turcoalemana sobre emigrantes en Alemania.

El jurado internacional estará presidido por la actriz Isabella Rossellini y se mantendrá vacía la silla de uno de sus miembros, el cineasta encarcelado Jaffar Panahi, de quien se proyectarán varias películas. Y como sello (nunca séptimo), el homenaje al director Ingmar Bergman, al que se le dedicará una restrospectiva con la presencia de algunas de sus actrices más próximas, como Liv Ullmann, Harriet Andersson y Gunnel Lindblom.

Por algo se es el motor de Europa: el Festival de Berlín se inaugura este año con «Valor de ley» un día antes de que esta película de los Coen salte a las pantallas comerciales españolas. La adaptación casi al pie de la letra (pero con otra música más negra) del western clásico de Henry Hathaway abre una Berlinale que, según su director, Dieter Kosslick, tiene este año un programa más compacto y menos denso, sin que sepamos todavía cuál es la idea que tiene este hombre de lo compacto y de lo denso. Una mirada a los directores y cinematografías que compiten por el Oso de Oro no da la sensación, precisamente, de porosidad o ligereza.

Tal vez se refiera Kosslick más a la cantidad (sólo dieciséis títulos en la competición oficial) que a la vivacidad y «marcha» de los directores, pues hay entre varios de ellos una pugna por convertirse en el Eric Clapton o el Morante del cine, en el «mano lenta» de la narración, como el húngaro Béla Tarr o el argentino Rodrigo Moreno. Habrá que estar muy pendiente de la nueva película del iraní Asghar Farhadi (el de «A propósito de Eli»), quien hará además de palanca para mantener presente al gran ausente de esta edición, el cineasta iraní Jaffar Panahi, condenado a seis años de cárcel en su país por poco más que mirar malamente a Mahmud Ahmadineyad, ese hombre de las chaquetas de «sepu» que preside Irán. Así como de la primera de Ralph Fiennes, «Coriolanus», protagonizada por un actor tan alejado de lo shakespeariano como Gerard Butler.

El cine español no ha encontrado su hueco en la sección competitiva, algo que no le ha ocurrido al coreano, presente con Lee Yoon-ki, o al ruso, con Alexander Mindadze. El cine alemán llega con Ulrich Köhler, con Miranda July, con Andrés Veiel y como coproductor de la mexicana «El premio», de Paula Markovitch... Y el cine americano en competición es peculiar, pues lo traen Joshua Marston (en coproducción con, entre otros, Albania); y un par de debutantes, JC Candor, que se estrena con «Margin Call», un drama financiero cuajado de estrellas, y la actriz Victoria Mahoney, con «Yelling to the sky».

Un programa variopinto

En el apartado sesiones especiales es donde se puede encontrar eso que Dieter Kosslick consideró «programa variopinto», pues al fenómeno 3D se ha pegado Wim Wenders, con una película sobre la compañía de danza de Pina Bausch, y también estará Werner Herzog con el documental «Cafe of Forgotten Dreams». O lo más especial de todo, que es el documental de Isabel Coixet titulado «Escuchando al juez Garzón», la gran aportación del cine español este año a la Berlinale, junto a la película «Unknown», de Jaume Collet-Serra, protagonizada por Liam Neeson, y a la presencia de Carmen Maura en «Almanya», una comedia turcoalemana sobre emigrantes en Alemania.

El jurado internacional estará presidido por la actriz Isabella Rossellini y se mantendrá vacía la silla de uno de sus miembros, el cineasta encarcelado Jaffar Panahi, de quien se proyectarán varias películas. Y como sello (nunca séptimo), el homenaje al director Ingmar Bergman, al que se le dedicará una restrospectiva con la presencia de algunas de sus actrices más próximas, como Liv Ullmann, Harriet Andersson y Gunnel Lindblom.