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Terrence Malick, del Amor al odio

«To the Wonder», la última película del director de «El árbol de la vida», no gusta al público de la Mostra; «Lemale et Ha’chalal» y «Love is all you need», un drama y una comedia respectivamente, completaron el cartel de la jornada de ayer

La actriz Olga Kurylenko, protagonista de «To the Wonder», de Malick - afp
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La noticia del día fue que Terrence Malick y su película «To the Wonder» fueron sonoramente abucheados al final de la proyección. Y abuchear a Malick en un festival de cine es como chiflarle al Papa en el Vaticano. La culpa de semejante perversión la tiene el amor, bueno, el Amor, así con mayúsculas, que es de lo que trata esta película de Malick.

La ambición de este cineasta tan peculiar no es retratar personajes, sino ideas, emociones, y su mirada al Amor es realmente reflexiva, poética y pomposa (¿cuándo no lo es Malick?) y consigue que se fundan momentos de gran belleza y elocuencia con otros tan lunáticos que te hacen dudar de la salud mental del director. La idea, la esencia, la estructura y hasta los condimentos son muy parecidos a los de «El árbol de la vida», pero centrado en esa pulsión inexplicable que acerca hasta la pura amalgama a dos personas y que con la misma fuerza inexplicable las separa: el amor como los dos polos de un imán.

Ben Affleck y Olga Kurylenko no tienen más que hacer monerías delante de la cámara de Malick para que éste comience a contar una historia de amor como no se había contado nunca, con ese trazo suyo para que la Geografía cuente la Historia, y puedes notar el estado de ánimo alerta, los pies de plomo del comienzo de una relación amorosa con la cámara entre unos bisontes paciendo, o el barro, el vértigo, la dificultad de avanzar entre un campo de hierbas muy altas, el nerviosismo de un caballo al cortarle la salida...

Cada imagen de «To the Wonder» es como si te lanzaran una sensación con una cerbatana, aunque muchas de ellas no aciertan, o te apartas: no se entiende muy bien ni el personaje que interpreta Javier Bardem, un cura absorto e implorante, ni el texto de su voz en off, ni el lugar por el que se ensambla con el otro hilo «narrativo».

No es justo el abucheo que la sala le estampó a Malick en su cara (ausente, claro). Obviamente, la naturaleza de este director se apropia de la película y no es posible «entenderla», sino todo lo más «sentirla», y a ratos. Pero no es preocupante, lo que sí sería alarmante es entender perfectamente a Terrence Malick.

Amor en todas sus formas

La jornada estuvo enteramente dedicada al amor, y la completaron una película israelí a competición, «Lemale et Ha’chalal», de Rama Burshtein, y fuera de ella, la que presentó Susanne Bier, «Love is all you need». Un drama y una comedia, pues a estas sí se les veía rápidamente el género, y no como a la de Malick.

La israelí trataba de un drama familiar entre judíos ortodoxos, cuando a una joven deciden casarla con el marido de su hermana, que muere y deja un bebé al que ella deberá cuidar. La directora filma con minuciosidad esa mezcla de ritual y cotidianeidad de la actividad de la comunidad ortodoxa, muy enfocada (por lo que cuenta la película) a casarse, reproducirse y cuidarse unos a otros. Lo mejor de la película es la joven protagonista, Hadas Yaron, que no necesita tanto fasto y solemnidad como Malick para enjaretar varias emociones sobre el click del amor.

En cuanto al revés que forma la danesa Susanne Bier con la canción de The Beatles, lo más sorprendente es su ligereza y frivolidad, una historia de amores y lo contrario protagonizada por Pierce Brosnan y, sobre todo, por Trine Dyrholm. La aplaudieron infinitamente más que a la de Malick... A veces, la ligereza y la frivolidad tienen eso.