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Pe se nos ha vuelto «maggiorata»

Ni vino Soledad Villamil ni Rachel Weistz, así que la fiesta del cine español fue muy española. Con Penélope de Versace. Eso sí, prefiere venir a los Goya que ir al almuerzo de nominados de los Oscar («No queremos matarla», decía su representante)

ROSA BELMONTE |
Actualizado
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Eran casi las nueve y media, hora del cierre del paseíllo, y no esa tontería del photocall, porque la alfombra verde de los Goyas es para los actores españoles como un vía crucis de reportero a periodista, de entrevista cinematográfica a «¿De quién es tu vestido?». Hace tiempo que perdimos la vergüenza de hacer las mismas preguntas sesudas que Joan y Melissa Rivers en Hollywood. Y las estrellas sueltan lo que llevan encima (vestido, zapatos, joyas,…) como un camarero recitando los platos del día.

Pues eran las nueve y media y Penélope Cruz pasó casi en volandas. Pero nos quedamos con sus caderas. Toma, toma, toma. Que era como si de pronto nos hubieran transportado a la Italia de los años 50 y nuestra Pe fuera una maggiorata de bajos rotundos (y verdaderos, no como los de «Volver»). Unos bajos y unos altos embutidos en un vintage beis (¿blanco?) de Gianni Versace. Hasta entonces sólo habíamos visto tetas. Enormes. O al menos, elevadas. De competición. Así, María Botto, vestida de Juanjo Oliva (el próximo sábado dice que estará clavada en el desfile del maestro, aunque sea a las 10.30 de la mañana). Pilar Castro también las llevaba de mostrador. Y Fanny Gautier, con un traje corsé de Lorenzo Caprile que quizá le había apretado Hattie McDaniel antes de irse a los Doce Robles a zascandilear.

Hay que levantar la vista

Pero la top de las delanteras fue Emma Suárez, espectacular con un armani negro y escote palabra de honor. Parecíamos todos, palabra de honor, Sophia Loren mirándoselas a Jayne Mansfield. Porque, a ver, ¿desde cuando luce Emma Suárez esa desmesura mamaria casi nutricia? ¿Con esas venas que adornan más que un tatuaje? Emma estaba guapísima, que también levantamos la vista.

Como Belén Rueda, que cada vez tiene un porte más señorial. Se ha escapado de una película de Visconti. Otra cosa es el discutible color de su vestido de satén y toile bordado de Carolina Herrera (cómo no). Es verdad que en la tele daba mejor que a un palmo (el color caramelo se transformaba en un dorado a lo «Tierra de faraones»).

Carme Elías también repetía. La elegante y delgadísima actriz no sólo volvía a ir de Cortana sino que llevaba a su lado a Rosa Esteva, la tímida diseñadora de Cortana. Este año, una de las firmas más pronunciadas en la alfombra. También escuchábamos el nombre de Candela Peña, que ahora diseña zapatos de amor y lujo (los llevaban Goya Toledo o Pilar Castro). Otro elemento repetido fue el oro (bueno, Pilar Bardem se echó encima diez kilos de plata en collares y anillos). Mucho Bling Bling refinado. Por ejemplo, el de la cada vez más atractiva Maribel Verdú, que presumía de precioso traje negro de Nina Ricci y joyas vintage de Bulgari. «La ropa interior es mía», aclaraba.

Había en la noche dos corrientes. Por un lado, la del vintage, lo añejo, en esa joyas de Maribel o en el vestido de Penélope (no en Victoria Vera, de Felipe Varela y con guantes de Gilda, o en Paca Gabaldón, las dos estupendas). Por otro lado, estaba la corriente del adelanto. Paz Vega lucía un modelo de Hannibal Laguna de la colección que va a presentar en Cibeles. Y Bimba Bosé, uno de Davidelfin con el que va a desfilar en Nueva York (y en Madrid). Pausa. Bimba Bosé. De amarillo total. Modelo Ictericia. Piolín. Hasta el pelo era amarillo. Hasta las cejas. Y ella, encantadora. Tan distinta. Sin dar la mínima impresión de ir disfrazada. Todo lo contrario de Óscar Jaenada. Con esa chaqueta rosa de DSquared y los pelos pocahontestos con orejas asomándose que daban la impresión (pelos y orejas) de formar parte del sombrero. Qué eggs. Y qué trabajo de estilismo. No como el gran Carlos Areces: «Me he gastado treinta eurazos en unos vaqueros en H&M y resulta que aquí te daban ropa». Pero está feo comparar porque si no acabamos comparando a Paz Vega y su big hair (sólo la superaba Irene Visiedo) con Leire Pajín (little hair), ambas de Hannibal Laguna. Tan distintas. La número tres del PSOE posaba en estrella medio ladeada mientras hablaba con los de «Sé lo que hicísteis». O saludaba efusivamente a Wyoming. Deslumbró nada más entrar. Su vestido parecía inflamable. O sería ella.