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«La última legión»: Romanos de clase C**

La última legión| (( | EE. UU./Gran Bretaña | 2007 | 110 minutos | Género-Aventuras | Director-Doug Lefler | Actores-Colin Firth, Aishwarya Rai, Ben Kingsley |Hay asuntos que deberían ser tabúes. Por

JOSÉ MANUEL CUÉLLAR
Actualizado
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La última legión

(( EE. UU./Gran Bretaña 2007 110 minutos Género-Aventuras Director-Doug Lefler Actores-Colin Firth, Aishwarya Rai, Ben Kingsley

Hay asuntos que deberían ser tabúes. Por ejemplo, que salga «Gladiator» y de pronto se nos venga encima una legión, nunca mejor dicho, de romanos, o similares, desenvainando la espada, y cuanto más tarde peor: «Gladiator», «Troya», «El Rey Arturo», «El Reino de los Cielos» y, ahora, «La última legión» que, visto lo visto, esperemos que sea la última.

Medio decente visualmente, la cinta tiene problemas en casi todas sus aspectos y líneas, empezando por el casting, pasando por su planteamiento y acabando por los diálogos. En lo primero, se puede pensar en muchos soldados o duros guerreros, pero el último que a uno le vendría a la mente sería Colin Firth, ya saben uno de los novios de Bridget Jones, soso hasta decir basta y con un rostro de palo permanente, de continuo lloroso en plan «hoy me ha dejado mi mujer para irse con mi hermano» y mañana también, y pasado. Es decir, un victimista en potencia con una cara de aburrido que te adormece la película y la vida en sí. No se lo cree nadie. O podemos seguir con la chica Rai (para abreviar), que sí, que es una preciosidad pero a la que el director se le olvidó decir que no puede pasearse por la pantalla cruzando piernas al andar como si estuviese en una pasarela de Milán, mucho menos siendo una letal guerrera como se le supone.

Pero con ser todo esto malo, lo peor es la falta de grandeza de la película, que tiene todos los ribetes de serie B y a veces (la relación de amor entre los dos protagonistas y algunas escenas deleznables más) de serie C. Muchos de los diálogos son penosos y sólo determinados lances de acción y exteriores bien hallados levantan mínimamente la película que, de verdad, apenas alcanza el rango de cine palomitero.

En estos casos, uno siempre intenta apoyarse en ilustres como Kingsley, pero hay veces que ni siquiera los gigantes pueden andar en el barro.