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Los turistas peregrinan a Matera, escenario de «La Pasión de Cristo»

JUAN VICENTE BOO/
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ROMA. Vista desde el barranco, la cascada de casas de piedra que recubren las empinadas colinas de Matera lleva inmediatamente a pensar en los arrabales de Jerusalén hace dos mil años. Allí filmó Pasolini «El Evangelio según Mateo», y allí se fue Mel Gibson para explorar aquellos parajes inhóspitos y primitivos. Según el cineasta americano, «en cuanto vi Matera casi me volví loco: era absolutamente perfecto». El éxito de «La Pasión de Cristo» en Estados Unidos ha provocado una repentina oleada de turismo, que se desbordará arrolladoramente en verano, pues el número de espectadores que han visto la película y, por tanto, Matera, supera ya los 50 millones en todo el mundo. El pueblecito rupestre, con sus casas semi excavadas en la roca es, desde 1993, Patrimonio de la Humanidad. El reconocimiento de la Unesco les llenó de orgullo, pero no les sacó de la crisis. En cambio, Gibson va camino de convertirse en un «Rey Midas» para la economía local.

Los paquetes turísticos de fin de semana cuestan de 400 a 600 euros, según el tipo de hotel, e incluyen visitas guiadas a los lugares de la infancia de Jesús, filmada en el área de las iglesias rupestres; al Cenáculo, que es precisamente una de ellas; al itinerario del Vía Crucis y, sobre todo, a la colina del Gólgota, con las casas de piedra como espectacular telón de fondo al otro lado del barranco de Gravina. La oferta incluye visitas a yacimientos neolíticos de la zona e incluso a la ciudad griega de Metaponto, pues la región de Basilicata, junto con Calabria, Puglia y Sicilia formaban, en tiempos mejores, la Magna Grecia.

Los «sassi», como se llaman esas construcciones pétreas, mitad cueva excavada en la roca y tan sólo una fachada construida al exterior, forman un escenario fascinante, nacido en los siglos VIII al XIII, pero la crisis económica de los años cincuenta y la emigración masiva del «Mezzogiorno» italiano, dejaron la ciudad arruinada y hundida en su abandono.

Si el escenario de la película «vende» bien, lo mismo sucede con el guión, escrito hace hace más de siglo y medio. Gibson descubrió un día en su biblioteca «La dolorosa Pasión del Señor», las visiones que la mística Anne Katherin Emmerich, que recibió los estigmas en 1812, dictó al poeta romántico Clemens Brentano después de experimentar físicamente la Pasión de Jesús en la Semana Santa de 1823. El libro, reeditado en Estados Unidos y en Italia, se ha convertido en otro éxito por su narrativa muy ágil y muy visual. Era ya un auténtico guión cinematográfico antes de que naciese el Séptimo Arte.