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Santesmases, a vueltas con el prozac en su segundo largo

MÁLAGA. E. A.
Actualizado
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Se esperaba con interés el segundo largometraje de Miguel Santesmases, «Amor, curiosidad, prozac y dudas». Atrás queda la accidentada filmación de «La fuente amarilla» y sus buenos resultados en taquilla. En el filme actual, basado en la novela de Lucía Etxebarría, Santesmases deja constancia de su interés por conseguir un puesto en nuestro complicado mundo del cine.


Sin meternos en crítica alguna, ya que la película está por estrenar, hay que apuntar no sólo la impecable puesta en escena que ha hecho el director sobre el papel base y lo mucho que ha ganado en el apartado narrativo; en esta ocasión, se muestra más fluido, quizá para describir mejor la interiorización de algunos personajes, entre los que cabe destacar a Silvia Marsó, devuelta al cine tras pasear su buen hacer durante algunas temporadas por los escenarios, no sólo españoles. Desde «La madre muerta», de Amenábar, Marsó no se había vuelto a poner delante de las cámaras.


Pilar Punzano, popular por su trabajo en la serie «Compañeros», a la que hemos podido ver en «París-Tombuctú», de José Luis García Berlanga, encabeza el reparto con una fuerza extraordinaria que nos recuerda los primeros años de Maribel Verdú. Rosa Mariscal («Cuando vuelvas a mi lado») deja constancia de lo importante que es para el cine poseer un físico cargado de personalidad para interpretar papeles como el que le ha tocado en esta película.


La historia gira en torno a tres hermanas a las que, como dice el director, no les une más que el apellido. El francés Guillaume Depardieu, con más de diez títulos en su carrera, trata de salvar el primer papel masculino de la historia, pero cuando aparece Nancho Novo queda desdibujado e histriónico ante el poderío del actor fetiche de Medem. La película llegará a las pantallas el próximo viernes.