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Salma con gusto no pica, pero adorna

El toque internacional hizo brillar la gala en la que el cine español hizo de la elegancia su seña

Salma con gusto no pica, pero adorna
DE SAN BERNARDO/ ÁNGEL DE ANTONIO
Actualizado
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Este año no tocaban ni Penélope ni Bardem, nuestras estrellas internacionales. Pero que vengan Pedro Almodóvar, Antonio Banderas, Melanie Griffith y Salma Hayek añade a los Goya un mayor toque cosmopolita. Si, encima, la mexicana viene acompañada de François-Henri Pinaud, la sensación de tener cromos nuevos es enorme. Y enorme estaba el señor Pinaud con su esmoquin azul medianoche de Yves Saint Laurent. Es el tono que el duque de Windsor pedía a su sastre porque con luz artificial el negro se torna verdoso y el azul parece más negro que el negro. Un señor que tiene una fortuna de 7.000 millones de dólares y te habla como si no llegara a fin de mes. Salma Hayek, su señora, además de un vestido color berenjena de Gucci y unos diamantes sobre el mostrador, parecía llevar en la mano un jarabe.

Los dos iban con ropa de la casa, de PPR. Otros muchos también. Al menos los que iban de Gucci, como Marta Etura, Quim Gutiérrez, Pedro Almodóvar (que llegó con gafas de sol y no se las quitó), Luis Tosar o Verónica Echegui, que ya había recibido un premio. «Me han hecho el regalo más bonito de mi vida». Sus amigos se habían presentado en su casa con un vídeo tipo «La hora Chanante» y le habían entregado el premio… Bueno, habían cambiado la G de Goya por una P de lo que rima con olla y una estatuilla ad hoc. «Tengo una suerte que no me lo creo», decía muerta de risa en su blanco vestido de Gucci. Blanco, pero de Lanvin, era asimismo el modelazo de diosa griega de Elena Anaya. Y también de Lanvin se presentó María León.

Melanie Griffith, que está más Tippi (y más tipín) que nunca se metió en un vestido de la 34 con rosas pegadas de Harold no sé qué. «Llevo la etiqueta por dentro y no la puedo mirar», decía (peor fue Natalie Seseña que cuando le preguntamos por su vestido soltó que se había quedado en blanco). Melanie también dijo que le encanta la Semana Santa malagueña pero que no sabe si vendrá este año porque su hija Stella tiene ya quince años y otros planes. Que la niña dice que «Jesús, okay, pero…». Pues, hija, lo normal. Se iba hoy pero eso no le iba a impedir trasnochar. «Voy yo a perderme una fiesta…». Pero estaba llamativamente delgada. Si se llega a poner lado de Isabel Coixet habrían parecido las Hermanas Gilda. Eso sí, la Coixet es la más «cool». Por su enorme araña de Vasari en el pecho, por su bolso de Chanel (este, prestado) y por su vestido de Martin Magiela (y tuvieron que salirle a ella los apretacocretas). Solo Ingrid Rubio tenía también pinta de outsider entre tanta princesa (y alguna madrastra). En su caso, rompía con cazadora de Moschino y traje de Hotel Particulier. De negro, de piel.

Preciosa de cara Leonor Watling con un cerradísimo y casto vestido de Miriam Ocáriz y pulserón de Bárcena («Si lo pienso me pongo muy nerviosa»). Las joyas no eran solo para las mujeres, que Quim Gutiérrez, uno de los más atractivos, también gastaba pulsera y anillo de la misma firma. «Me gustan las joyas de toda la vida», aseguraba. Guapo también estaba Ernesto Alterio (de Armani), con bigotito y con una raya en el ojo. Es que los hombres de ahora llevan joyas y rayas, que Carlos Areces, pese a negarlo («Tengo las pestañas así de largas») también se había echado algo. Para compensar, Belén Rueda se presentó sin peinar y un modelo rojo de Pedro del Hierro. Contó que había tardado poco en arreglarse. «Como traigo el peinado despeinado…». Juan Antonio Bayona, sin embargo, se esmeró en hacerse una cresta con la que ganar unos centímetros. Hasta que llegó Pepe Carabias era el más bajito del Palacio de Congresos.

Goyas aparte, damos premio a las que no tiran de los restos de los «showrooms» internacionales y van de diseñadores españoles. Inma Cuesta, de Juanjo Oliva. Pero el vencedor fue Lorenzo Caprile. De él, Ana Wagener, Iciar Bollain, Anne Igartiburu, Alba García o la reaparecida Silvia Abascal («Estoy evolucionando»). Y más guapa, la de caerse de espaldas, Juana Acosta, de Paco Rabanne, que no será una firma española pero casi. Victoria Abril, no sé. Pasó de largo. Ni siquiera pude ver si iba vestida.