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«En la casa» de Ozon, Concha de Oro; Trueba y Sacristán, mejor director y actor

«Blancanieves», de Pablo Berger, obtiene el Premio Especial del Jurado. El Festival de San Sebastián se clausuró ayer con la primera película que dirige Dustin Hoffman: «El cuarteto»

El ganador de la Concha de Plata al mejor director, Fernando Trueba (i), y el de la Concha de Oro a la mejor película, François Ozon (d), posan durante la gala de clausura del Festival Internacional de Cine de San Sebastián - EFE
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En realidad, el único modo que tenía este jurado de San Sebastián de sorprender a todo el mundo con el Palmarés era poniéndolo en completo acuerdo con la lógica. Nunca el jurado de San Sebastián ha sido más imprevisible que en esta sesenta edición, pues se ha dejado de vainas y ha hecho lo que debía: una Concha de Oro para «En la casa», del francés François Ozon; un premio Especial del Jurado para «Blancanieves», de Pablo Berger, y el premio al mejor director para Fernando Trueba por «El artista y la modelo».

Podría haberse alterado el orden, pero no el producto, pues eran los títulos más dignos de premio y ese jurado presidido por la productora Christine Vachon no ha hecho más que levantar acta notarial de ello. La sabiduría de Ozon para transmitir la pasión narrativa de sus personajes, un alumno retorcido y con talento y un profesor sinuoso, y para conseguir un buen cosido entre la realidad y la ficción, se merecía un gran premio, y la única duda era si no pesaría más el enorme talento y gran riesgo que mostraba la «Blancanieves» muda de Berger.

Kilo arriba, kilo abajo, el caso es que estos dos títulos han conseguido los dos grandes premios que otorga el Festival. Y no hay desequilibrio en dejar para Fernando Trueba el reconocimiento a su primoroso modo de reflejar ese territorio lleno de sentidos entre un escultor que termina y la joven modelo que empieza.

La tercera película española en la competición, «El muerto y ser feliz», de Javier Rebollo, no tuvo una onda expansiva comparable a las anteriores, pero, a pesar de ello, era imposible no ver el enorme trabajo que hacía en ella José Sacristán, que creaba un personaje que él mismo, con su talento y su pecho por delante, conseguía rellenar de sentido y emoción. Es un premio mucho más que justo: reconoce al actorazo capaz de parar la bala. El galardón a la interpretación femenina se ha dividido en dos, pero podrían haberse hecho con él aún más pedazos, pues se ha reconocido a las protagonistas de «Blancanieves» y de «Foxfire» pero incluso dentro de sus propias y películas había otras actrices a su misma altura. Macarena García y Katie Coseni eran piezas clave, aunque no más que Maribel Verdú o Raven Adamson.

Puede estarse en leve desacuerdo con ese premio otorgado a la fotografía de «Rhino Season», la película henchida, o hinchada, del iraní Bahman Ghobadi, pues habrá quien lo considere escaso y quien excesivo. Personalmente creo que, aún ofreciendo una imagen muy recuidada y repensada, la fotografía contribuye junto a la presunción del texto a esa impresión general de «al loro con esto, que es muy profundo» que tanto enturbia una historia que debiera expresarse con algo más de tripa que cabeza.

En fin, y ésta más que notable edición del Festival se ha clausurado con la proyección de la primera película que dirige Dustin Hoffman, «El cuarteto», una pieza magistral sobre la cara A de la vejez en una residencia de viejas glorias de la ópera en la que Maggie Smith, Tom Courtenay, Billy Connolly, Michael Gambon, Pauline Collins y otros grandes de la escena de siempre demuestran que un actor es la llave de contacto de este vehículo que es el cine. Y el elenco de «El cuarteto», las 24 horas de Indianápolis, y que a más edad, mayor rugido de motores.

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