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A Pilar López de Ayala le sale un grano llamado Sandrine Bonnaire

Sandrine Bonnaire y Jean-Pierre Améris, ayer en San Sebastián. Efe
SAN SEBASTIÁN. E. R. MARCHANTE
Actualizado
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El sofisticadísimo control interpretativo de Sandrine Bonnaire y Jacques Dutronc en la película francesa «C´est la vie», de Jean-Pierre Ameris, cayó como un sudario en la sección competitiva, que dio ayer su último suspiro. Esta película y su pareja protagonista vino a cerrar el concurso y a abrir nuevas opciones al jurado, que hoy dice sus premios.

Le ha salido otra actriz respondona a Pilar López de Ayala, hasta ahora nuestro mirlo blanco indiscutible para el premio de interpretación femenina. Sandrine Bonnaire ríe, llora, presume de hoyuelos, de vaqueros y de mala cantante en su papel de mujer y clavo ardiendo en un centro médico para enfermos terminales. Nadie podría negarle a esta actriz su magistral interpretación en «C´est la vie», y menos que nadie Claude Chabrol, presidente del jurado y su director en algunas grandes películas. A su lado, el escueto Jacques Dutronc da también una lección de sobriedad en un personaje que daba pie a deslizarse en patinete melodrama abajo.

ASFIXIANTE Y DURA

Por encima de esa filosofía del bien morir que se aprecia en la película, el director coloca una fina capa grasilla vital en la que se quedan pegadas aspiraciones impropias en esa orilla de la laguna Estigia: amores, ilusiones, alegrías, incluso planes... todo ello ocurre ahí, en ese lugar al que se va a morir. Hay, pues, por parte de Jean-Pierre Ameris una mirada dulzona al lugar, sin que por ello la película deje de resultar asfixiante y dura, pues a cada salto de plano hay una baja en ese campo de batalla. Traza bien, con sus delicadezas y asperezas, la relación que surge entre los protagonistas, más complicada que el mero amor y más sencilla que la simple pasión.

Dadas sus características, «C´est la vie» tiene algunos méritos para estar en el palmarés, aunque no tantos como la increíble película china que cerró ya a cal y canto la competición. Se titulaba «Visible secret» y era un impresionante pastiche de intrigas fantasmagóricas y escondites argumentales. Aunque haya quienes critiquen la inclusión de una película como ésta en la sección oficial, lo cierto es que al incluirla el festival demuestra una anchura de mirada y una vocación de riesgo (por no hablar de sentido del humor) que le honra y que lo señala como en continuo movimiento. Se agradece el intento de «deschinar» un poco el cine chino de festival, que con el mismo rollo de siempre suele ir a darle el mate pastor al juradillo de turno. «Visible secret», aunque mala como un dolor de oído, tenía la gracia de lo poco trillado (en festival serio, al menos). Lástima que no se entendiera nada de esa historia que cuenta de gente descabezada, de fantasmas y de frases inconexas que adquirían una gracia de morirse mediante unos subtítulos sacados de internet.

La Sección de Zabaltegui también cerraba el chiringuito a lo grande, con lo último de los Coen, «The man who wasn´t there», una lucubración llena de afeites de barbero y de pasiones fabulosas que recuerda a «Fargo» aunque mezclado con ansiolíticos. Y la sección Made in Spanish se clausuró con «Y tu mamá, también», el título del mexicano Alfonso Cuarón que tanto éxito tuvo en la Mostra de Venecia y que coloca a Maribel Verdú en el mejor lugar de la estantería, junto al tarro de la miel.