ES NOTICIA EN ABC

Pedro Almodóvar: «La primera víctima en Hollywood de la guerra de Irak es el glamour»

Pedro Almodóvar no está dispuesto, tampoco en Hollywood, a dejar de seguir diciendo lo que piensa contra la guerra, contra el presidente Bush y contra Aznar

Almodóvar y Leonor Watling llegan a la «Fiesta por la Paz» en Los Ángeles. REUTERS
ALFONSO ARMADAENVIADO ESPECIAL
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

HOLLYWOOD. Si se muerde la lengua se envenena. Cuando las quinielas le señalan como favorito a ganar su segundo Oscar tras «Todo sobre mi madre», esta vez como autor del guión de «Hable con ella», nada ni nadie le callan: «Todo se ha ensombrecido con el ataque a Irak», pero «Hollywood está en contra de la guerra», dice. Primer cineasta español que opta a dos Oscar en la categoría general -mejor director y mejor guión original-, mañana se sabrá si remata la faena. A la sombra lujuriosa de las plantas de su hotel, entre risas y veras, el incontenible manchego recibió el miércoles a la prensa española: «La primera víctima de la guerra es el glamour».

Hablando con Nicole Kidman

«Soy una de las personas a las que más afecta el jet-lag, y eso me quita toda sensación de gloria, de reputación, de placer, de ilusión. Me pone los pies sobre una tierra casi sombría. Estoy aquí, doblemente nominado, sí, me hace ilusión, pero todo eso con muchas limitaciones. No estoy dando saltos de alegría, aunque debe ser por el cansancio, porque por dentro yo sí sé que doy saltos, sí sé que estoy muy contento, y cuando me dijeron que había sido nominado estaba en mi casa y me fui a la ventana a tomar un poco de aire porque la emoción me dominaba. Ése es el recuerdo que tengo de las dos nominaciones, que es el que vale siempre, el del momento en que te lo dicen. Y cuando me lo dijeron me hicieron el hombre más feliz en ese instante. Pero al día siguiente ya me he acostumbrado a que soy doblemente nominado y ya hago mi vida y tengo mis problemas, y viene el cansancio, y el insomnio».

¿Pero le perturban las quinielas que le sitúan como favorito al menos en el apartado de mejor guionista? «Me preocupan más cuando te dan en algunas como ganador. Porque inevitablemente te hacen concebir esperanzas, y yo siempre prefiero pensar que no soy el que va a ganar, porque si me lo dan es una enorme alegría y si no me lo dan no me frustro tanto. En «Entertain-ment weekly» dicen que hay algo para mí, pero ya veremos. No me lo creo de verdad».

Nicole Kidman ha dicho que le besaría los pies a Almodóvar por trabajar con él. ¿Se dejaría? «No es necesario besarme los pies, no es necesario -vamos- que se arrodille tanto. Antes de conocernos en los premios pidió audiencia -suena muy pomposo, pero aquí te piden audiencia-, y la recibimos. Ya me dijo que le gustaría trabajar y a mí me apetecía mucho hablar con ella, porque Nicole está haciendo las películas más interesantes de este momento, y los mejores papeles femeninos se los está llevando todos ella».

¿Ha trabajado en el idioma por si tiene que volver a pronunciar un discurso en Hollywood? «No. El poquito inglés que sabía se me ha olvidado todo, y se me está olvidando también el español. Pero en el escenario uno tiene que ser expresivo». Para quienes creían que Almodóvar había optado por bajar el diapasón para no poner en peligro su Oscar por su abierto activismo en contra de la guerra, en Hollywood siguió dando mandobles verbales a diestro y siniestro, contra Bush y Aznar.

¿Le pide el cuerpo decir algo sobre la guerra? «Me lo pedirá, supongo. Ahora mismo lo que quiero es agradecerle de corazón a los miembros de la Academia que me hayan nominado en estas dos categorías que es insólito, que es histórico y que es maravilloso para nosotros. Y esa es mi actitud y la razón por la que estoy aquí. Pero inevitablemente todo se ha ensombrecido con el ataque a Irak. Yo creo que por muy feliz que me haga, en la hipótesis de que me dieran una estatuilla, yo creo que en ese momento la felicidad va a ser limitada porque no voy a conseguir olvidarme de que hay una guerra en estos momentos, una guerra con la que no estoy en absoluto de acuerdo. Trataré de pensar, de ser conciso, a ver que digo. Yo sólo quería venir a decir gracias, pero me temo que diré algo más».

«Aznar no se entera; está sordo»

¿Cree que Bush puede en algún momento del día ponerse a pensar que hay actores o gente manifestándose? «Yo no sé qué puede pasar por una cabecita como ésa y he llegado a pensar que esperó a que estaba volando desde Madrid a Los Ángeles, que es un viaje eterno, y en ese momento aprovechó para lanzar el ultimátum. Creo que no se entera, y Aznar tampoco se entera, y además de no enterarse está sordo, porque Aznar tiene a su pueblo gritándole que «no» muy cerca y debería oírlo, y oírlo significa, aunque no nos entienda, saber que el pueblo no quiere eso. Lo que está haciendo con nosotros es la brutalidad más antidemocrática que yo conozco desde que existe la democracia en España y espero, deseo y haré todo lo posible -me voy a dedicar a ello- para que le cueste la cabeza a él y a su partido en todas las próximas elecciones. Lo que es importante es que la gente diga lo que piensa y ellos se den cuenta de que el mundo piensa de modo distinto y que no hay tanta gente que les apoya, por si acaso eso sirve de algo, aunque en el caso de Bush no sirve en absoluto de nada. No ha permitido que la ONU llegue a hacer su trabajo, ha impedido la tarea de los inspectores y se lo ha pasado todo por ahí. Es un atropello tan grande que uno ni siquiera sabe qué es lo que habría que hacer para detener a alguien como Bush. Detenerlo es imposible».

«Odio la alfombra roja»

¿Qué le parece lo que ha hecho el director finlandés Kaurismaki, que ha decidido no venir a los Oscar porque le parece que el ataque contra Irak es un crimen contra la humanidad? ¿En algún momento se planteó no venir? «Afortunadamente tengo testigos, pero la verdad es que no quería venir. Desde que anunciaron la nominación hasta tres días antes, en que había que decir sí al billete, no me decidí. No tenía ganas. Supongo que la guerra también influye para quitarte las ganas. Tenía la sensación de que todo el momento de gloria lo había vivido ya con los Golden Globes, y además estoy preparando una película, y padezco de insomnio. Pero toda mi oficina me aconsejó vivamente que viniera. Y Sony está haciendo un estupendo trabajo con la película y era una forma de agradecérselo. Nunca me ha apetecido hacer este viaje. Muchos periodistas estadounidenses me han preguntado si no tengo miedo a las represalias, por ser tan explícito cuando hablo sobre la guerra, y yo digo siempre que no. Ahora me da miedo que me lo hayan preguntando tanto. Pero tengo miedo por lo que estará ocurriendo en Bagdad».

¿Y qué le parecen medidas como la de retirar la alfombra roja? «A mí me parece estupendo, porque la alfombra roja es un circo que no me gusta nada. Pero depende de dónde te sitúes. Piensa en Joan Rivers, en esa leyenda viva. Una mujer que lleva cincuenta años haciéndolo, amurallada detrás de ochocientos kilos de maquillaje, claro, está la pobre mujer que ha perdido la fe en todo. Piensa que ya no merece hacer cine si sus estrellas no van a pasar por la alfombra roja y que ella les diga, «bonita, date una vuelta y hablamos sobre el vestido». Hay muchas cosas que se vienen abajo con esta guerra, y aunque parezca una frivolidad, y no lo pongáis como titular, pero la primera víctima en Hollywood de la guerra de Irak es el glamour. La alfombra roja con todo lo que eso significa. Estaba el otro día en Armani probándome el «tuxedo» (»smoking») y entonces coincidimos, en plan «Cómo casarse con un millonario», Olivier Martin y Martin Cunningham, el autor de «Las horas», y equivocándonos unos con otros por el idioma. Entonces llegó la publicista que se encargaba de atender a las «celebrities» en la casa Armani y le llega la noticia de «No red carpet», y vino como ahogándose, «¡No hay alfombra roja!». Verdaderamente estaba anunciando el fin del mundo. Yo lo entiendo, era el fin de su mundo. Para nosotros, como vamos con nuestros trajecitos negros, no suponía ningún problema, pero para Nicole, para Maribel Verdú, a quien le gustan los vestidos grandes, Halle Berry...de pronto, al quitar la alfombra roja quitan también la necesidad de llevar esos vestidones voluminosos y es un ataque directo a la alta costura en esta ciudad. Hay mucha gente que está muy nerviosa, porque la Academia aboga por una cierta sencillez, sin olvidar que se trata de una fiesta y que, como dice el productor, Gil Cates, se va a celebrar «una forma de arte», también diciendo que celebremos eso y que nos dejemos de hablar de la guerra. Por eso recomiendan a las mujeres que vayan un poco más sencillas, pero con punto fiesta. Yo estoy loco por verlas para preguntarles a ellas cómo han resuelto ese dilema, de Kathy Bates, de Catherine Zeta-Jones, de Renée Zellwegger, de la propia Nicole... y sobre todo tener que improvisarlo en cuatro días, cuando muchas veces con seis meses de anticipación las chicas se equivocan. Yo me alegro de que la hayan quitado, porque odio la alfombra roja».