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«L´Orfeo», de palacio a la sala de cine

POR SUSANA GAVIÑAMADRID. Cuando uno entra por la puerta que da acceso a la sala del Teatro Real realiza un viaje en el tiempo y se traslada, en cuestión de segundos, a principios del siglo XVII

POR SUSANA GAVIÑA. MADRID
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Cuando uno entra por la puerta que da acceso a la sala del Teatro Real realiza un viaje en el tiempo y se traslada, en cuestión de segundos, a principios del siglo XVII, exactamente al 24 de febrero de 1607. El lugar: el teatro del Palacio de Mantua, donde el duque de Mantua, Vincenzo Gonzaga, espera impaciente la representación de la obra que le ha encargado a un músico de su corte, Claudio Monteverdi -con un libreto de Alessandro Striggio-, tras quedar fascinado por la «Euridice» creada por Jacopo Peri. Hay un gran trasiego en la sala mientras los músicos, los cantantes, los bailarines y el público ocupan sus respectivos lugares, no muy alejados entre sí, antes de que comience la función que marcará una fecha clave en la Historia de la Música: el nacimiento de un género, la ópera.

Si bien nadie es atreve a ratificarla como la primera -el propio director musical William Christie asegura que es «una de las primeras»-, nadie discute su calidad ni su modernidad. Cuatro siglos la contemplan y la aplauden.

Este ambiente es el que ahora ha querido trasladar el director de escena Pier Luigi Pizzi al Teatro Real en esta nueva producción de «L´Orfeo», en colaboración con La Fenice de Venecia, que se enmarca dentro de la programación de la trilogía de Monteverdi, que completan «Il ritorno de Ulises» y L´Incoronazione de Poppea», y que se podrá ver en temporadas sucesivas. En la que formará equipo con el director de orquesta William Christie que pondrá al frente de la formación, de instrumentos originales, Les Arts Florissants.

Tanto Christie como Pizzi coinciden en su forma de afrontar este reto, en el que reconocen han encontrado «una comunión de espíritu en una obra donde hay un equilibrio perfecto entre la música, el canto y el verso». Ambos persiguen el mismo objetivo, «convencer al público a través de lo que ven y lo que escuchan», e insisten en que no es una reconstrucción de lo que sucedió aquel 24 de febrero de 1607 y sí una «evocación» de aquella velada. En la primera parte de la ópera (actos I y II), «un himno al amor y a la pasión», Pizzi ha vuelto a los orígenes el teatro del Palacio de Mantua donde tuvo lugar el estreno. Sin el foso convencional, los músicos (una orquesta de veinte instrumentistas) y los artistas se moverán con libertad. «La idea de esta puesta en escena es unir los instrumentos con las voces, la música más la palabra».

En la segunda parte, «más dramática» pues es el descenso a los infiernos, la acción se traslada al siglo XX. «Es una reflexión sobre la modernidad de esta obra, que hoy sigue dejando estupefacto al público». En el reparto, Dietrich Henschel, Maria Grazia Schiavo y Agustín Prunell-Friend.