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Así se rodó el salto HALO, la escena que puso al límite a Tom Cruise

Un año de planificación, poquísimo tiempo al día para rodar, retos técnicos y físicos: los secretos que se esconden detrás de estos tres minutos de metraje

Imagen del salto de Tom Cruise en «Misión Imposible: Fallout»
Imagen del salto de Tom Cruise en «Misión Imposible: Fallout»
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Si hay algo que las películas de «Misión Imposible» hacen bien son las escenas de acción. Cada nueva entrega pone el listón más alto, con su estrella, Tom Cruise, arriesgándose de principio a fin. Algo especialmente cierto en el sexto título de la saga, «Misión Imposible: Fallout», en cuyo rodaje el actor se rompió un tobillo durante un salto entre dos edificios.

Los protagonistas y el director de la cinta, Christopher McQuarrie, estuvieron en CinemaCon, la convención de la industria del cine más importante del mundo, celebrada en Las Vegas, para compartir detalles del filme. Sobre los riesgos que asume Cruise, Simon Pegg bromeó: «La diferencia entre cuando vemos a Tom rodar estas escenas y cuando vosotros las disfrutáis es que sabéis que sobrevivió. Trabajar con él es un estrés diario porque temes que no esté al día siguiente».

Una de las que se prevé más impresionante es un salto en caída libre conocido como HALO (High Altitude-Low Opening), que se realiza a gran altitud, en este caso, a 7 620 metros, y en el que el paracaídas se abre lo más bajo posible, por debajo de los 600 metros. En ella, el intrépido agente secreto Ethan Hunt (Tom Cruise) salta persiguiendo a August Walker (Henry Cavill), que se lanza al vació después de desconectar el oxígeno de Hunt (la desconexión es real, Cruise tiene que engancharlo de nuevo antes de saltar). Cuando le alcanza, descubre que Walker está inconsciente debido al impacto de un rayo, le cede su oxígeno y abre el paracaídas a tiempo para no estrellarse contra el suelo de París.

Detrás de estos tres minutos, idea de Cruise, hay un año de planificación, según explicaron el actor y el realizador. «Lo primero que hicimos fue diseñar una animación de la escena y decidimos cuánto de todo eso era factible físicamente sin matar a Tom. Por supuesto, él estaba dispuesto a hacer mucho más de lo que cualquiera quería permitirle», comentó McQuarrie. Después construyeron el túnel de viento más grande del mundo para ensayar con los actores, lo que provocó algunas quejas de otros equipos de rodaje con los que compartían estudio. «Nos pedían que apagáramos el ventilador», apuntó.

Para el director, el primer reto que le planteó este salto fue hacerlo de forma que se viera la cara de Cruise todo el tiempo, que el público supiera que era él. «Diseñamos la escena en función de eso», afirmó. Para lograrlo, dedicaron una cámara al actor, de la que debía mantenerse a una distancia de aproximadamente un metro para salir enfocado, mientras caía a 321 kilómetros por hora y con el operador saltando del avión de espaldas.

Además, se dieron cuenta de que la única manera de lograr las imágenes que querían era acoplando la cámara al casco del paracaidista. Eso implicaba que tenía que caminar agachado mientras grababa a Cruise, mantenerse por debajo de la cabeza de éste durante la caída y enfocar manualmente sin ver lo que estaba grabando. Una «coreografía» que ensayó con el actor varias veces.

Para complicar más las cosas, decidieron filmar parte de los momentos previos al salto en el avión. Según el director, «parece que estás en un set de rodaje y, en un momento concreto, la cámara y Tom salen del avión y te das cuenta de que ya no estás en un escenario sino en un entorno de caída libre».

Tres minutos al día para rodar

Una dificultad añadida fue la luz. En el guión escrito por McQuarrie, la escena tiene lugar al atardecer. «Eso implicaba que sólo teníamos tres minutos al día para rodar», comentó Cruise. «Si íbamos muy temprano, había demasiada claridad. Si íbamos muy tarde, estaba ya muy oscuro. Teníamos un margen de un minuto», añadió el realizador.

Para que al actor se le viera la cara en esas condiciones, construyeron un casco con cristal en la parte frontal y lo iluminaron desde el interior, algo que entrañaba cierto riesgo, como explicó McQuarrie: «Si saltaba una chispa dentro del casco de Tom, que estaba lleno de oxígeno, su cabeza ardería. Algo nada bueno. Una de las cosas que pidió fue no arder». «Sí, por favor, si voy a hacerlo, no quiero arder», apuntó jocoso Cruise.

«Todo los accesorios que se ven en la escena funcionan realmente y son elementos de seguridad. Ninguno de ellos existía antes de que Tom sugiriera hacer esta secuencia. Construimos tecnología nueva, no sólo para el traje sino también para las cámaras que usamos en el rodaje», afirmó el director.

Para conseguir lo que se ve en pantalla fueron necesarios 106 saltos. «En aquel momento, yo tenía 50 -comentó Cruise- y los demás sumaban 100.000 entre todos, así que tuve que entrenar a un nivel que me permitiera saltar de un avión que va a más de 300 kilómetros por hora y caer a una velocidad de 265». Un esfuerzo físico, además de técnico. «Cada toma es como correr un esprint de 800 metros», añadió.

La exigencia de la escena fue tal que muchos dudaron de que fueran capaces de rodarla como tenían en mente, según explicó McQuarrie. «Nos dijeron: “Es físicamente imposible que Tom consiga alcanzar a Cavill y hacer el intercambio de botellas de oxígeno con el tiempo que tenéis”. Sólo contábamos con tres minutos, pero eso era tiempo más que suficiente porque Tom sólo disponía de dos antes de tener que abrir el paracaídas para no chocar contra el suelo. Pero siendo el título del filme el que es y siendo Tom quien es...».

Un actor del que sus compañeros de reparto hablan maravillas, a pesar de que los «arrastra» con él en las escenas arriesgadas. «Tengo muchas ganas de ver la película para saber exactamente cómo de cerca estuve de la muerte», comentó divertido Henry Cavill, quien compartió uno de los recuerdos más entrañables de su debut en esta saga: «En uno de nuestros últimos días en Nueva Zelanda estábamos volando de regreso al centro de rodaje. Tenía puestos los auriculares y podía escuchar a Tom hablando mientras pilotaba su helicóptero y os juro que sentí que estaba en «Top Gun». Me entraron ganas de decirle: “Siempre seré tu copiloto”».