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Maribel Verdú: «Desnudarme me da un pudor espantoso»

Por LUIS GÓMEZ
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En vísperas de convertirse en una chica del tiempo en su próxima película, la actriz madrileña Maribel Verdú dibuja el mapa de su vida: «Se me presenta sin borrascas y con buenas temperaturas». El año que viene actuará en el bilbaíno Teatro Euskalduna con la comedia «El bebé», pero estos días disfruta en Bilbao viendo a su cuñada Amparo Larrañaga en «Se quieren».

-Pues eso, ¿se quieren?

-Es amiga, desde hace muchos, muchos años. O sea, cuñadas después.

-¿Y se atreve a criticarla?

-No. La admiro profundamente. Es una tía muy profesional y una actriz como la copa de un pino.

-¿Encaja usted bien las críticas?

-No me gustan. Y la gente que diga que le da igual, miente. A todos nos gusta que nos alaben.

-¿Abandonaría la función, como Joaquín Cortés, si el público no supiese seguir el ritmo de la música?

-¡Nunca!

-¿A usted no le baila nadie?

-Odio que me bailen el agua. Me gusta la gente de verdad.

-¿Los pilla a las primeras de cambio?

-¡Vamoooos! Lo noto enseguida.

-Hace dos años, hizo de mujer artificial en «Te quiero, muñeca» ¿Le gusta replicar?

-Me obsesiona caer bien a la gente y me gusta que digan: «¡Qué maja es la Verdú!» Es muy difícil acabar mal conmigo.

-¿Acabó alguna vez en la habitación de los trastos como otros muñecos?

-Ja, ja. He sido terriblemente traviesa y me han castigado mucho. Aunque jamás en una habitación encerrada, me pusieron muchas veces de cara a la pared.
-¿Y con los brazos en cruz?

-Sííííí. (Risas). Y haciendo como en «El exorcista»: «No lo volveré a hacer más». Así cientos de veces. Ahora nunca dejaría que me metiesen a un cuarto de trastos.

-¿Temperamental?

--Soy temperamental e impulsiva. Ya lo decía Neruda: «No puedes echarle la culpa a la gente de lo que a ti te pasa». Es de corbardes. No sé si ha leído «El último encuentro», de Sándor Marai.
-No.

-Adoro la filosofía y me vuelven loca los grandes pensadores. Dice que lo más terrible con que te puede castigar el destino es querer ser distinto a lo que uno es.

-En su próxima película es una chica del tiempo. ¿Cómo se presenta el mapa de su vida?

-Sin borrascas. Con anticiclón y buenas temperaturas. Ja, ja.

-¿Qué le nubla?

-Sobre todo, la injusticia.

-¿Se resguarda de los chaparrones?

-Tengo gente que me protege, mucho y muy bien de ellos.

-En los últimos filmes, los directores siempre acaban con usted.

-Sí, sí. ¡Pero vamos, es una cosa...!

-¿Se deja manejar a su antojo?

-Soy muy dócil. Si un director me contrata, estoy en sus manos.

-¿Le han echado algún mal de ojo?

-Me apasionan esos papeles. Lo que más me gusta son las comedias, pero si es un drama, ¡que sea hasta el final! ¡A morir!

-¿No le da «yuyu»?

-¡Para nada! Eso es que me queda mucho. No sé por qué, pero son papeles con los que se queda la gente.

-¿Descansa en paz?

-Duermo muy bien. Soy como un oso.

-Escenas repletas de cama, masturbaciones y fellatios. ¿Su mamá vio «Y tu mamá también», el gran éxito del cine iberoamericano?

-Por supuesto. Y le encantó. Ella sabe que esto es un trabajo y lo acepta muy bien.

-Coppola dice que no puede rodar escenas de sexo porque le da pudor quitarle la ropa a las actrices...

-A mí también. Un pudor espantoso. Me gustaría no hacerlo, pero...

-¿Pero?

-He debido desnudarme en los mejores papeles de mi vida. Imagínese qué imbécil sería si digo «no» por un desnudo. ¡Lo que me habría perdido!

-¿Desnuda se siente más ligera?

-No me apetece quedarme desnuda y que me vean muchos ojos, pero... ¿Qué hago? Es mi trabajo..

-¿Es apta para todos los públicos?

-Síííí. Absolutamente.