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«Malas calles», buenos gangsters

Robert de Niro y Martin Scorsese en uno de sus muchos trabajos conjuntosABC
POR ANTONIO WEINRICHTER
Actualizado
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Dentro de la colección «Grandes directores del siglo XX», los lectores de ABC podrán adquirir este domingo «Malas calles», de Martin Scorsese, figura imprescindible del «nuevo cine americano»

«Malas calles» es una película rugosa, brutal e inspirada. Tiene la contundencia de una obra fundacional: lanzó las carreras de su director y su pareja de actores protagonistas y ayudó a imponer la noción de ese «nuevo cine americano» que supuso el renacimiento artístico de Hollywood en los años 70.

El director Martin Scorsese ya había rodado algunas obras independientes y hasta una película de género para Roger Corman, pero aquí dio un paso de gigante como cineasta. Animado por los consejos de John Cassavetes, se decidió a escribir un guión de corte realista y semi-autobiográfico, en donde trasladaba algunas de sus experiencias en las «malas calles» de su Little Italy natal y eventos como la fiesta de San Gennaro, así como su fuerte educación católica; es la voz del propio Scorsese la que se escucha en off como fondo de las primeras imágenes: «Tus pecados no se lavan en la iglesia. Se lavan en la calle»...

Buscavidas de poca monta

Todos los temas del cine de Scorsese aparecen ya aquí: el ambiente neoyorquino (si bien, irónicamente, el escaso presupuesto -300.000 dólares- le obligó a rodar muchas escenas en Los Ángeles...), el gangsterismo, la comunidad italoamericana, la violencia, la psicopatología masculina... Aparece también su querencia a construir escenas enteras sobre una banda sonora de canciones pop (de los Stones a los Miracles, de las Marvelettes a las Ronettes), magníficamente utilizadas.

«Malas calles» es la historia de unos buscavidas de poca monta. Charlie (el inmenso Harvey Keitel) es quien puede convertirse en un miembro «respetable» de la mafia que domina Little Italy. Su relación con Teresa complica las cosas; su epilepsia preocupa al protector de Charlie, el capo Giovanni; y sobre todo, su amistad con el poco honorable y autodestructivo Johnny Boy (Robert De Niro, en el primero de sus muchos trabajos para Scorsese). Pero, sobre todo, Charlie es un hombre preocupado por el pecado (la culpa es el verdadero tema de la película): una famosa imagen le muestra poniendo literalmente la mano en el fuego tras sufrir la tentación... sexual; la violencia le inquieta bastante menos. A medida que Johnny Boy se va hundiendo en un mar de deudas, Charlie siente cada vez más la acuciante necesidad de protegerle para salvarle a él, y a sí mismo; pero la redención se revela difícil según la película despliega su impecable estructura de tragedia.

Conducida por el ritmo nervioso y urgente de la cámara de Scorsese, la música pop y los diálogos de los actores, y puntuada por esporádicas explosiones de violencia, «Malas calles» está llena de momentos memorables: la borrachera de Charlie, la larga pelea en los billares, los exabruptos de Johnny Boy...

La caracterización volátil y febril de De Niro es como un molde de los trabajos que le convertirían en el capo de su generación de actores; Keitel, en uno de sus escasos papeles protagonistas, revela ya el talento que le convertiría en un icono fundamental del cine «indie»; los gangsters que les rodean parecen salir de las páginas amarillas de casting de la mafia. «Malas calles» tuvo un inesperado éxito de público y, aunque no fue nominada por la Academia, no importó porque le permitió a Scorsese desarrollar su brillante carrera posterior. Un año antes, Coppola había hecho «El padrino», otra película sobre la mafia que anunciaba la llegada de una nueva generación de cineastas a Hollywood. Los pequeños gangsters de Scorsese eran menos «dignos», y estaban dibujados con más realismo, que los de Coppola; más cerca del rock que de la ópera, han acabado influyendo en mayor medida en el cine independiente, y en ciertas series televisivas, que toman a Scorsese como modelo.