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Luis Buñuel vuelve a las Hurdes después de 86 años

Salvador Simó presenta en el Festival de Málaga un filme de animación que busca «entender la motivación del director»

Un fotograma de «Buñuel en el laberinto de las tortugas»
Un fotograma de «Buñuel en el laberinto de las tortugas» - ABC
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París, 1930. Un joven Luis Buñuel acababa de estrenar su segunda película, «La edad de oro», y no había sido precisamente un éxito. Lo suficiente para que el escándalo que había formado le cerrase las puertas de los proyectos que tenían pendientes e, incluso, para que recibiera una llamada de atención del Vaticano. Así que lo que parecía una alocada proposición termina siendo la mejor opción para el cineasta español: dejar de lado el surrealismo cercano a Salvador Dalí para basarse más en lo humano y denunciar a través de un documental la pobreza desoladora que azotaba en aquel entonces a una región extremeña: Las Hurdes; una de las tierras más deprimidas y abandonadas del país donde las carencias eran tan extremas que ni siquiera tenían pan. Pero Buñuel no encontraba la forma de financiar el proyecto; en París lo trataban como a un apestado. Fue su amigo Ramón Acín -pedagogo, poeta, humorista gráfico y maestro de niños desfavorecidos- quien finalmente le financiaría el documental. «Si me toca la lotería (de Navidad), lo pago yo». Dicho y hecho.

La película animada «Buñuel y el laberinto de las tortugas», que adapta el cómic homónimo de Fermín Solís, recrea el rodaje del documental «Las Hurdes. Tierra sin pan». El que Buñuel y Acín realizaron subidos a un viejo Fiat amarillo con 20.000 pesetas de la época. «Queríamos que fuera una película que emocionara y no un documental», pero sin dejar de contar una historial real. Una basada en una gran amistad. «Al hablar de temas como la búsqueda de la identidad, la miseria, el dolor y la muerte, se necesitaba algo de comedia y de humanidad para compensarlo. Escogimos al personaje de Ramón como un contrapunto para contar la personalidad de Buñuel y se terminó convirtiendo en quien lleva el peso emocional de la historia; solo gracias a él pudimos contar lo que queríamos», asegura el director Salvador Simó en el marco del Festival de Cine de Málaga, donde el filme ha tenido una gran acogida.

El trabajo de Simó utiliza imágenes grabadas por el propio Luis Buñuel como base. De esta forma, el director ha tratado de «entrar en la mente de la gente de ese momento» y reflejar la realidad que se vivía en España en la década de los 30. «El contexto histórico está contado tangencialmente con los valores de los personajes. Pasamos mucho de lo que la gente pudiera pensar ahora mismo, teníamos que contar la sociedad de aquel entonces: machista y a la que no le importaban los animales, además de mantener sus valores. Eso le da la autenticidad histórica. Eso también es un poco Buñuel, provocar y ser auténtico», dice. Incluso contaron con fragmentos que el cineasta descartó en su montaje. «El hijo de Buñuel nos explicó que su padre medía en casa los planos con los brazos, miraba los fotogramas a través de una lámpara y desechó cosas pensando que estaban desenfocadas, pero no lo estaban», señala el director.

Ni Buñuel ni Simó escatimaron en escenas brutales como la del burro que es asesinado por las picaduras de abejas de las que no puede escapar porque se encuentra atado, el tiro que le pegó Buñuel a una cabra o la cabeza del gallo que arrancaron para poder rodar un primer plano. «Solo estoy dramatizando la realidad, ¿o es que quieres quedarte esperando a que pase?», dice el protagonista de «Buñuel y el laberinto de las tortugas». El aragonés se adelantó a su tiempo y utilizó lo que hoy se conoce como un falso documental; es decir, acomodar los hechos para narrar el drama que se quiere.

El de Calanda volvió a escandalizar con aquel documental, que inició una serie de denuncias que truncó la Guerra Civil. La película de 26 minutos fue prohibida al poner sobre la mesa un presente incómodo, que conectaría más de 20 años después con su película mexicana «Los olvidados» (1950). «Siempre hizo un cine políticamente incorrecto y creo que hoy en día le costaría encontrar su sitio. (...) Lo que pretendemos es que cuando la gente vea nuestra película, después se vaya a ver el documental», asegura Simó.

Pese a lo que acostumbra una película de animación, «Buñuel y el laberinto de las tortugas» está realizada con un presupuesto limitado. Simó asegura que la película está grabada con técnicas muy diferentes a las que acostumbran los filmes de animación y en un estudio que se creó expresamente para esta ocasión. «La tratamos como una película real e interpretamos las escenas en el set, lo que le dio una naturalidad a la voz en la que se nota en la química entre los personajes y le da autenticidad», señala.

La película, que llegará a las carteleras españolas el próximo 26 de abril y que ya ha sido vendida en 35 países, muestra las múltiples caras de un Buñuel creciente, que está convencido de que su misión vital va más allá del hecho de retratar aquello que ve. Sus vivencias, unidas a su universo onírico, crearían una magistral carrera como director (con más una treintena de películas), productor, guionista y actor; por no hablar de su faceta literaria.