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Luces, cámaras... secuestros

El colmo de un mal director es rodar una película en la que secuestren a una jovencita y no captar la atención del espectador. No hay género más agradecido. Incluso los telefilmes menos sofisticados

POR FEDERICO MARÍN BELLÓN
Actualizado
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El colmo de un mal director es rodar una película en la que secuestren a una jovencita y no captar la atención del espectador. No hay género más agradecido. Incluso los telefilmes menos sofisticados recurren a argumentos así con frecuencia, con la certeza de que medio camino ya está hecho. La cartelera ofrece esta semana dos aproximaciones muy diferentes, que tienen en común que la pareja protagonista, «bisexual» (la otra opción clásica era «bicolor»), es la encargada de buscar a la chica raptada sin necesidad de pertenecer a la Policía que, por una vez, queda en segundo plano.

En «El caso Wells», de Wai-keung Lau (Andrew Lau para los amigos), Richard Gere es un funcionario encargado de visitar de forma periódica a los pederastas que viven en su radio de acción. Bajo las canas más atractivas del cine actual bulle un cerebro obsesionado por su trabajo, hasta el punto de que su jefe está a punto de prejubilarlo (los tópicos mandan) para sustituirlo por la joven Claire Danes, que se iniciará en el oficio de la mano del veterano cascarrabias (y cascamaleantes). La desaparición de una chica de 17 años alimenta la trama, que permite presentar al espectador una aterradora galería de depravados de ambos sexos.

«Adiós pequeña, adiós», dirigida por Ben Affleck, que no sale en pantalla, muestra a una pareja de investigadores algo bisoños, Casey Affleck y Michelle Monaghan, que se ven forzados a trabajar en paralelo con la Policía (Ed Harris y Morgan Freeman pertenecen al Cuerpo) para buscar a una niña secuestrada en uno de los barrios más sórdidos de Boston. Las similitudes del caso con la realidad son ineludibles e incluso llevaron a su director a aplazar el estreno del filme en el Reino Unido. Otra novela del mismo autor, Dennis Lehane, dio pie a la magistral «Mystic River», en la que una adolescente era asesinada, aunque sin secuestro de por medio. Más «encasillado» aún que el escritor aparece Morgan Freeman, quien ya había protagonizado «La hora de la araña» y «Bajo sospecha», de argumentos tan intercambiables como difíciles de recordar pasadas unas semanas.

Lo que está claro es que algo flota en el ambiente, y no es nada bueno. La televisión lo dice a gritos entre bloques de publicidad. Antena 3 emite desde ni se sabe cuándo los interesantes capítulos de «Sin rastro», TVE ofrece la excelente serie «Desaparecida», Canal+ hace lo propio con la más convencional «Secuestrado» y la familia Madeleine ocupa, para su desgracia, todos los canales en multidifusión.

Ejemplos para todos los gustos

El fenómeno no es nuevo, sin embargo. A los guionistas les ha apasionado siempre secuestrar a la gente. De modo que la enumeración se haga menos prolija, nos concentraremos en el rapto de niños y niñas pequeños, además de jovencitas. Para entendernos, la Samantha Eggar de «El coleccionista» queda fuera de los límites, más aún la Victoria Abril de su versión española y almodovariana, «Átame». Y si surge alguna duda con la edad, son preferibles las hijas a las madres, las novias a las esposas.

Así, incluso la chica a la que el «primo» de Hannibal Lecter hace un peeling radical en «El silencio de los corderos» cabría en este recuento, aunque la película es tan conocida que no merece la pena dedicarle ni una línea más. La serie «24» queda descartada porque Elisha Cuthbert se deja secuestrar tres veces por temporada. Otro reincidente fue Alfred Hitchcock, quien rodó hasta dos veces «El hombre que sabía demasiado», la primera en Inglaterra, en 1934, y la segunda en EE.UU., en 1956. Otro gran cineasta que puso el ojo en el asunto, aunque sólo uno, fue John Ford. Quién no recuerda el estremecedor final de «Centauros del desierto», lindante con el racismo, en el que John Wayne encontraba por fin a Natalie Wood sin saber si la iba a rescatar o rematar, dado que la chica se había convertido en toda una comanche. La actriz repetiría experiencia en «Un grito en la noche», en la que el cetáceo Raymond Burr se enamoraba de ella y no atinaba con el camino más elegante para conseguir sus favores.

Uno de los mejores ejemplos de niños en peligro es «La noche del cazador», la única película que dirigió el genial actor Charles Laughton, en la que Robert Mitchum se apoderaba de una pareja de hermanitos. Al actor le iba la marcha, porque en «El cabo del terror» (J. Lee Thompson, 1962) le enseñaba a Robert de Niro («El cabo del miedo», de Martin Scorsese, 1991), cómo aterrorizar a una familia entera. Justo es decir que en «Yakuza», de Sydney Pollack, el bueno de Mitchum ayudaba a Ken Takakura a encontrar a su hija, raptada por la mafia japonesa.

Robert Aldrich era aún más duro (y brillante) en «La banda de los Grisson», con ene, sin relación con el protagonista de «CSI». Ya dentro del cine europeo, en «Secuestro bajo el sol», de Jacques Deray, unos gánsteres secuestran a una chica de buena familia en la Costa del Sol. Esta cinta da pie a recordar curiosidades como «Carola de día, Carola de noche», del maestro Jaime de Armiñán, y «Tómbola», de Luis Lucia. Ambas tienen en común que ni los secuestradores aguantan a Marisol. Pero la más rocambolesca de todas es «Han robado una estrella», fallida rampa de lanzamiento de la frustrada estrella infantil Estrellita.

El espectador debe de saber que, a menudo los enanos, por más pequeños que sean. son un enemigo demasiado poderoso para los malos de turno, como demostró una y otra vez la franquicia «Solo en Casa» y como comprobó Nicolas Cage en «Arizona baby», de los hermanos Coen, en aquella desopilante escena en la que los bebés toreaban al sobrino de Coppola.

Entre los últimos ejemplos, llaman la atención «Firewall», en la que la familia entera de Harrison Ford es retenida por el malvado Paul Bettany; «Ciudad Juárez»; con Antonio Banderas y Jennifer López como intrépidos reporteros a la busca de jovencitas desaparecidas; y sin cruzar el Río Grande hacia el norte, «Desapariciones», otra de Ron Howard con Cate Blanchett y Tommy Lee Jones al frente. Los más jugones también recordarán «Silent Hill», adaptación de un conocido videojuego.

Y, por supuesto, no puede faltar la española «El orfanato», en la que Belén Rueda se desvive en busca de su hijo. Citaremos, para terminar con un requiebro, dos filmes más bien retorcidillos. En «Muerte inocente», un psicópata exige a Genevieve Bujold que se suicide si no quiere que su hija, a la que ha secuestrado, muera. En «Ni una palabra», de Gary Fleder, el doctor Michael Douglas debe resolver el rompecabezas mental de una paciente para encontrar a su propia hija. Delirante, sí, pero seguro que la realidad es mucho peor.