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«EL LADRÓN DE BAGDAD» VUELA CON «CHICAGO»

ENRIQUE HERREROS
Actualizado
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Los dos géneros más olvidados y despreciados por los premios de la Academia han sido siempre el western y el musical. Anoche, en el Kodak Theatre, situado a unos pasos del hotel Roosevelt donde el 16 de mayo de 1929 se entregaban en el Blosom Room los primeros Oscar, se volvieron a reivindicar las películas musicales. Desde 1928/29 con «Melodía de Broadway», de Beaumont, hasta 1968 con «Oliver», de Carol Reed, sólo habían logrado la estatuilla más codiciada ocho películas musicales como «El gran Ziegfeld», en el 36; «Un americano en París», en el 51; «Gigi», en el 58; «West Side Story», en el 61; «My Fair Lady», en el 64; «Sonrisas y lágrimas», en el 65. Esos ocho Oscar suponen un escaso porcentaje del 10,66 por ciento sobre el total de los 75 premios entregados hasta la fecha. Pero el rotundo triunfo de «Chicago», en la noche de ayer, abre las puertas de par en par para la continuación del género en cuyo epígrafe el cine de Hollywood se muestra orgulloso con títulos como «Cantando bajo la lluvia» que, por cierto, no se llevaría ni un pobre Oscar musical; «Sombrero de copa», «El mago de Oz», «Un día en Nueva York», «Melodías de Broadway 1955» y otros muchos.

El cine violento ha sufrido un serio varapalo con los cero Oscar conseguidos por «Gangs of New York» y, por si fuera poco, se rumoreaba por la Meca en los días previos a la votación que se trataba de una película con problemas surgidos entre el productor y el director a la hora de decidir el montaje final de la película. Parece ser que el consagrado, aunque bajito realizador, Martin Scorsese, se había olvidado de que el productor es quien suele poner el dinero en este difícil menester del cine y por ello tiene derecho a controlar el «final cut» o último corte; si no que se lo hubiesen preguntado al maestro David Lean, con su «Lawrence de Arabia» y la porfía con Sam Spiegel.

Los otros damnificados de los premios son los del Oeste que se pasaron desde 1930/31, cuando ganaron con «Cimarron», hasta redimirse en 1990 con «Bailando con lobos», aunque Hollywood había producido películas como «La diligencia» y «Centauros del desierto», de Ford; «Raíces profundas», de Stevens, o «Río rojo», de Hawks. En 1992, volverían a ser tenidos en cuenta con «Sin perdón», de Clint Eastwood.

En el cine Capitol de Madrid se proyectó, hace ya muchos años, «El ladrón de Bagdad», superproducción de aventuras donde el pequeño actor Sabú huía del maleficio que le planteaba el perverso Conrand Veidt (el oficial nazi de «Casablanca»); el muchacho volaba sobre esa ciudad sobre una alfombra mágica que los efectos de entonces hacían parecer que fuera realidad sin tener que recurrir a la fría ayuda de la informática ni del mecánico cerebro de Spielberg.

Parece ser que esa tan cacareada alfombra roja que iba a lucirse como otros años, extendida por los de la Academia ante la entrada del Kodak Theatre, en esta ocasión ha salido volando llevándose consigo a «Chicago» para enseñarla por ese Hollywood Blvd. y anunciarla por todas las esquinas del mundo como la nueva película musical que acaba de alcanzar el Oscar grande, algo que no ocurría desde hacía 34 años.

Los Minnelli, Berkeley, Astaire, Kelly y otros muchos genios estarán ahora columpiándose en una estrella -«swinging on a star»- como Leo MacCarey le hacía cantar a Bing Crosby en «Siguiendo mi camino». Todas aquellas figuras que hicieron posibles estas películas seguirán aplaudiendo el logro conseguido anoche por el género. That´s entertainment!!