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Justiciera puñalada en el alma del mundo

JOSÉ MANUEL CUÉLLAR
Actualizado
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Que Jason Reitman tiene talento no lo duda nadie. Un tipo que destila originalidad en cada arista que toca, y que plantea temas candentes con ojo de águila. Y lo hace con el puñal a fuego vivo, para que cale más hondo. Aquí ha logrado otra pequeña obra maestra del mismo calado que «Juno», pero con más sentido social aún. Ha puesto en el agraciado rostro de George Clooney la tarea más ingrata: el que te dice «estás despedido», con semblante amable y palabras bonitas, pero firmes y desprovistas de corazón.

En el duro trago que hoy en día es la tragedia de tanta gente, Reitman enhebra historias coadyuvantes, pero enganchadas con hilos de oro: el mismo Clooney, quizá consciente, quizá inconscientemente, ha ido tirando al vertedero todo lo que signifique compromiso o sentimientos, algo que también es el pan nuestro de cada día en un mundo en el que hombres y mujeres tiran por su carril eludiendo lazos como quien huye del Averno.

Y traza, aún con anclas sólidas, una tercera vía en la que engrana todo: una novata que es tan moderna en los sistemas de despido como antigua en las relaciones con el sexo opuesto. Con todos esos moldes, Reitman avanza despacio y con sigilo, pero con una rotundidad extrema. Es una especie de veneno social que se te va introduciendo con cautela, sin casi sentirlo, hasta que te ha invadido totalmente.

Al poco caes en que todo es de una profundidad extrema, que ametralla a la sociedad actual con maquiavélica sutileza, que destroza a los insensibles con la horma de su zapato (grandísima de nuevo Vera Farmiga masacrando a un, de nuevo, estupendo Clooney), y que manda al barranco a la pobre ingenua que verá en el fondo del hoyo su propia salvación. Un trabajo excelente, lleno de talento y genialidad.