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José Sacristán vuelve al cine con «Fumata blanca», una intriga vaticana

El regreso al cine de José Sacristán a bordo de «Fumata blanca», una película de intriga con el Vaticano al fondo, y la dureza de las relaciones entre un padre y un hijo con el terrible azote de la droga gravitando sobre ellos, que narra en «Cuando todo esté en orden» César Martínez Herrada, marcaron la jornada de ayer fel certamen cinematográfico malacitano.

José Sacristán, Cayetana Guillén Cuervo y Miquel García Bord, ayer en Málaga. Efe
JOSE EDUARDO ARENAS
Actualizado
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MÁLAGA. Los sentimientos, buenos y malos, y el diálogo como iniciación al mayor conocimiento del otro, de uno mismo o como redención, borrón y cuenta nueva y preámbulo de un «the end», a lo que habría que añadir la mezcla de géneros que, como en el caso de José Sacristán, sirve de gozo cuando se lleva tiempo alejado de la pantalla, son hasta ahora los elementos preferidos de directores y guionistas para hincarles el diente a unos miles de metros de celuloide.

«Cuando todo esté en orden», de César Martínez Herrada, entra de lleno en el terreno del que hablamos. Una historia de personajes auténticos que conviven con sus alteraciones, sus problemas en las relaciones. Pese a que el eje de todo es el reencuentro entre padre e hijo, convenientemente endurecidos en la frustración y el desamparo, Herrera confiere a la tristeza de fondo unas pinceladas de esperanza. Santiago Ramos y Daniel Guzmán llevan el peso de la historia transmitiéndola directamente al público. Ramos, a quien la cámara logra captar el más recóndito de sus secretos, declara que la trama es tan dura que una de las cosas que más le interesó en el proyecto fue el desenlace, «porque este padre que yo hago está en la piedad, como dice el tango. Tiene la desgracia de haber perdido a su mujer y, luego, el trabajo. Cuando una historia empieza así, lo primero que haces es asustarte. En el desarrollo comprobé que todo transcurría por terrenos reconocibles y humanos hoy en día. La terrible relación que tiene con su hijo me gustaba al no consentirle que el tema de ese veneno terrible que es la droga, que está destrozando a tanta gente, acabe con él, y que estuviera bien tratado en el guión. Me parece impresionante cómo este tema ha sido tratado por Benito Zambrano en «Padre Coraje», porque las películas que había visto antes sobre gente «colgada» me horrorizaban, eran patéticas. Un tema tabú y desesperanzador como éste creo que hay que tocarlo con delicadeza, de otra manera no lo soporto, como tampoco puedo con las historias de terror en las que hay niños de por medio. Por eso agradecí que la película empezara con unos personajes rotos, en el pozo más terrible, para ir dialogando hasta un final esperanzador y con cierto optimismo. Estoy convencido de que de la droga se sale por amor y por cariño».

Un sólido reparto

«Fumata blanca», de Miguel García Borda, tiene un reparto de excelentes actores: José Sacristán, Cayetana Guillén Cuervo, Adriá Collado, Héctor Alterio y Franco Nero. Pero lo más celebrado de esta bien facturada e interesante película está en la presencia de un José Sacristán en la plenitud de su caudal interpretativo. Nos lo han robado la televisión y el teatro, bien sea en series como «Quién da la vez» o «Éste es mi barrio», bien por propuestas descaradamente buenas para el teatro como «Cristales rotos», «Amadeus», «El hombre de La Mancha», «Muerte de un viajante» o «My fair lady». «Hubiese sido difícil encontrar ofertas cinematográficas que me hubiesen desplazado del interés por estos títulos», declara el actor. Lo cierto es que la vuelta ha sido gozosa, se muestra encantado con «Fumata blanca». Personajes reales, con los pies en la tierra y nada grandilocuentes, metidos en una trama de intriga que tiene como referentes títulos como «Traffic». García Borda utiliza el género para trabajar a fondo con los actores.

Sacristán comenta que tiene una especial debilidad por las películas en las que se suman los géneros, por las que se puede transitar por distintos estados de emoción y donde la acción discurre desde el humor, la crítica social y otros elementos. «»Fuma-ta blanca» marca el camino desde el primer momento, lo que me parece una gran virtud. Es un placer ver cómo, en una peripecia estructurada en base a una intriga donde están el Vaticano y los servicios secretos, aparecen unos personajillos de andar por casa tan tiernos y conmovedores de seguir que, al final, la película acaba convertida en una delicada mirada no exenta de cierto sentido crítico sobre un entorno más o menos inmediato. No guarda cartas en la manga». El espléndido actor rodó esta película a la vez que hacía bolos con «La muerte de un viajante» y confiesa a ABC que su éxito actual en «My fair lady» le impide aceptar otros papeles.

Por otra parte, el Festival de Málaga rindió en la noche del pasado domingo homenaje al gran actor y director recientemente fallecido Adolfo Marsillach. Una emocionante ceremonia en memoria de uno de los hombres de teatro más repetados de España y al que no siempre el cine trató como merecía. En el acto participaron la presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, Marisa Paredes, que leyó con calor un cariñoso texto; los actores Fernando Guillén, Imanol Arias, Miguel Molina y Juanjo Puigcorbé, la directora Josefina Molina, la ex ministra Carmen Alborch, y Cristina y Blanca Marsi- llach, hijas del actor desaparecido