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Hollywood jubila a sus estrellas veteranas

Diane Keaton, Juliette Binoche, Isabelle Huppert o Catherine Deneuve coinciden en cartelera con proyectos independientes

Las actrices iguen contando con el favor de la crítica pero no llenan salas y les cuesta encontrar trabajo

Catherine Deneuve, en «La última locura de Claire Darling»
Catherine Deneuve, en «La última locura de Claire Darling» - ABC
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Hace no mucho tiempo, en una galaxia cinematográfica sin superhéroes de cómic ni remakes, la coincidencia en cartelera de estrellas como Diane Keaton, Juliette Binoche, Isabelle Huppert o Catherine Deneuve hubiera supuesto un acontecimiento casi cósmico. Pero aquel tiempo pasó. Este fin de semana, en los cines españoles se juntan estos cuatro mitos de la actuación y el eco de su presencia se ahoga entre explosiones digitales como las de «X-Men» o adaptaciones como «Aladdin».

Solo en el último mes se han estrenado en España «La última locura de Claire Darling», con Catherine Deneuve; «La viuda», con Isabelle Huppert; «Clara y Claire», con Juliette Binoche; y este mismo viernes llegó «Mejor que nunca», con Diane Keaton. En todas, sus protagonistas son mujeres libres, fuertes, alocadas, que viven su madurez con la energía de su juventud. Personajes tan poderosos como las actrices que los encarnan, que se han llevado los aplausos de toda la crítica por unos papeles llenos de originalidad, talento y veteranía. Pero su paso por sala ha sido, cuanto menos, discreto.

«Cuando uno es joven se deja llevar por la presión para ser aceptado por los demás, lo que al final deriva en tristeza o frustraciones. Con la edad pierdo menos tiempo tratando de complacer a la gente», contaba Juliette Binoche en las páginas de ABC el pasado fin de semana. El brillo de estos mitos de la actuación deslumbra cada vez menos a las nuevas generaciones. Pero no debería importar. Se dice que el público que va a las salas de las ciudades son mujeres maduras. Las «señoras», como las definió aquel director que salió como pudo de la polémica, son las que mantienen con vida la taquilla de los cines alejados de los centros comerciales y las películas que no mueven las grandes distribuidoras.

«Clara y Claire», la película de Binoche, en la que se crea un alter ego 30 años más joven para ligar a través de la Red con un veinteañeros, sumó 55.353 euros en su primer fin de semana. En «La última locura de Claire Darling», Catherine Deneuve compartía protagonismo con la hija que tuvo con Marcello Mastroianni, Chiara; apenas pasó de los 33.395 euros en su paso por sala. «Mejor que nunca», el estreno de este fin de semana de Diane Keaton, no se coló ni en el top diez pese a que se estrenó en 119 salas. Solo el filme de Isabelle Huppert, «La viuda», un thriller melodramático que habla sobre la soledad, ha funcionado algo al acumular más de 30.000 espectadores.

Este año también desfilaron por las pantallas españolas mitos como Glenn Close o Judi Dench. Y ambas comparten con las mencionadas anteriormente, además de la fortaleza de sus personajes protagonistas, la ambición por seguir trabajando como si fuera la primera vez. Con una industria cada vez más rendida al talento joven y al culto al cuerpo, las oportunidades se reducen. «No me atrevo a rechazar un papel por si es el último que me ofrecen y no me vuelven a llamar», contó Judi Dench en ABC con motivo del estreno de «La espía roja» la pasada Semana Santa. «Solo espero que alguien me llame para darme trabajo. De joven, me definía como una actriz que busca trabajo y ahora sigo siendo una actriz que busca trabajo», aseguró la intérprete, que ha participado en casi 80 producciones.

Hay tantos casos como actrices veteranas. Jamie Lee Curtis, la musa del terror que estrenó hace poco más de seis meses la nueva versión de «La noche de Halloween», definía la situación con contundencia: «Tengo suerte de que a mi edad me ofrezcan empleo», dijo. «Honestamente, soy una actriz desempleada que necesitaba trabajar. Paso la mayor parte de mi tiempo buscando empleo. No me ofrecen muchos papeles, la verdad. Supongo que tiene que ver con que hago anuncios de yogurt para ir al baño o que soy una actriz muy política, de las que no se calla, digo lo que pienso en cada momento. Pero tengo que trabajar porque hay facturas que pagar», una respuesta que fusila cualquier imagen de glamur, mansiones y fiestas de lujo a lo Hollywood.

Buena culpa de este desdén mostrado por el público lo tienen los grandes estudios de Hollywood, que se han olvidado de cuidar a sus estrellas de antaño. Todas las películas que se han mencionado son proyectos independientes, minoritarios, levantados a golpe de sacrificio de unos productores que se mueven lejos de las «majors» que manejan los hilos del mercado. Las grandes prefieren guiones manidos construidos sobre «remakes» o adaptaciones que el público ya conozca. No arriesgan. «Sé cómo funcionan las cosas en Hollywood», contó a ABC el pasado Festival de San Sebastián otro icono femenino como es Glenn Close. «Desde que los estudios los han comprado las multinacionales, las películas son números y hojas de cálculo. Solo importa el dinero. Esa es la base sobre la que se toman las decisiones. Están enfocados a hacer películas para el público masculino de 18 a 45 años, superproducciones de acción... Esto es Hollywood ahora mismo. Antes los estudios tenían compañías independientes que hacían un cine distinto», lamentó la nominada al Oscar por «La buena esposa».

Quizá la solución para estas mujeres pase por lo que dice Diane Keaton: «Yo no me siento en una silla a esperar que me ofrezcan personajes, de hacer eso no recibiría ninguna oportunidad. Como productora puedo elegir qué personaje interpretar», sentencia.