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Los Goya: impresiones y depresiones

Es chocante que todo el talento que dicen que tienen (y que tienen) los profesionales del cine español no sea suficiente para plasmarlo en su gran escaparate, la ceremonia de los Goya

Antonio de la Torre, Goya al mejor actor protagonista
Antonio de la Torre, Goya al mejor actor protagonista - Efe
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No tengo un criterio sólido sobre «niveles de ceremonias de los Goya», pero sí tengo reloj y me pareció larguísima. Tampoco podría pelear mucho por mi idea sobre las virtudes del conductor de la gala, aunque personalmente le encuentro mucha más gracia y más frescura a Dani Rovira que a Buenafuente y a Silvia Abril. Y mucho menos aún me considero capaz de establecer baremos sobre lo que es elegante y no lo es, tanto en lo referido a vestimenta como a parlamento, pero tengo la impresión de que el exceso de chillerío y de consignas en ese escenario, sean las que sean, no lo es, y me sorprendió que algún premiado pretendiera, por ejemplo, expulsar a Israel de Eurovisión.

A «Campeones» no le viene grande el premio de Mejor Película, ni a Rodrigo Sorogoyen el de Mejor Director, aunque tanto «El Reino» como Isaki Lacuesta también hubieran llenado esos dos galardones. Nadie merece más que Antonio de la Torre ese premio al Mejor Actor protagonista y desde luego lo que hace Susi Sánchez en su personaje de «La enfermedad del domingo» es inconmensurable y merecedor de este y todos los premios del mundo. Las interpretaciones secundarias son otra historia, en especial las femeninas, pues Ana Wagener, Anna Castillo y Natalia de Molina lo merecían al menos tanto como la ganadora, Carolina Yuste... Supongo que la influencia de su película, «Carmen y Lola», imbatiblemente simpática para el momento y la situación, ha trabajado en su favor. Y es imposible racanearle ni un gramo del premio como Actor Revelación a Jesús Vidal por «Campeones» o a Eva Llorach por «Quién te cantará»... Personalmente, he echado de menos algunos títulos, directores y actores que tenían que pelear por estos premios, como «Petra», «Jaulas», Jaime Rosales, Nicolás Pacheco, Barbara Lennie, Joan Botey, Estefanía de los Santos... Pero supongo que cada cual tendrá sus propios ausentes.

Y, finalmente, es chocante que todo el talento que dicen que tienen (y que tienen) los profesionales del cine español no sea suficiente para plasmarlo en su gran escaparate, la ceremonia de los Goya, y no logren hilar un espectáculo entretenido, inteligente, gracioso, elegante y que no se nos haga eterno a los que miramos desde lejos. Sólo el detalle de esos sobres incómodos que no se dejaban abrir es ya motivo de reflexión, por no decir que de ridículo.

Probablemente, tampoco resulte elegante chafarle su noche de gala al cine español con críticas y planteamientos esquinados o contrarios: son sus premios, ellos los otorgan y ellos los recogen. Nosotros solo miramos y ni siquiera estamos obligados a ello, aunque es inevitable tener, como «su público» que somos, un cierto sentido de pertenencia. Que al menos para los próximos Goya vigilen un poquito lo del pegamento de los sobres.