ES NOTICIA EN ABC

El glamour se tiñe de luto

Zeta-Jones con premamá VersaceREUTERS
BEATRIZ CORTÁZAR
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Negro sobre negro, negro sobre piel, negro sobre todo... El glamour de Hollywood pedía discreción y moderación hasta en los complementos. La gala era de etiqueta, de largo y fiesta. Pero el día no estaba para grandes despliegues de luz y color. Así pensaron al menos las grandes estrellas de los Oscar, que coincidieron en usar y abusar del negro para expresar el respeto por la ceremonia y el dolor por la guerra. Los joyeros se quedaron con las ganas y los diseñadores con la pena. El menos es más volvió a resurgir de sus cenizas. Pocas joyas, pocas pieles, pocas lentejuelas, pocas plumas, pocas estridencias.

En esta edición era impensable encontrarse con las sandalias del millón de dólares o con los mejores brillantes de Harry Winston. Sin la alfombra roja no había pasarela. La joya más buscada fue la paloma de la paz, que lucían en su solapa personajes como el propio Almodóvar, Susan Sarandon, Richard Gere, Adrien Brody, Salma Hayek y Geena Davis, entre otros.

Pero hubo más coincidencias. A falta de grandes abalorios, se ofrecieron generosos escotes. Moños a la nuca y pendientes como único lujo. Destacaron los de Julianne Moore, de esmeraldas, firmados por Boucheron, o los zafiros en cascada de la misma joyería que lució Jennifer Connelly, sin perder de vista los brillantes de Jennifer López o los de Catherine Zeta-Jones.

Entre el buen y el mal gusto

En cuanto a los modelos, protagonizaron la noche los largos, de tirantes anchos y palabra de honor. Nicole lució un tres bandas de Jean Paul Gaultier, Zeta-Jones un color chocolate largo de embarazada diseñado por Versace y Julianne Moore uno de gasa verde de Tom Ford para Yves Saint Laurent. De nuevo, la más elegante fue la actriz Halle Berry con un diseño del libanés Elie Saab en dorado y con un tirante. En esa lista también figuraba la actriz Renée Zellwegger con un diseño rojo de Carolina Herrera o la cantante Jennifer López con un modelo «vintage» en color verde agua del museo de Valentino, que ya lució Jacqueline Kennedy en su viaje a Camboya en 1968.

En blanco y negro y sin Oscar que llevarse al cuerpo, la mexicana Salma Hayek dio una lección de buen gusto gracias al diseño de Carolina Herrera, mientras que Michael Caine hacía una entrada espectacular junto a su esposa y sus dos hijas.

Poco acertada estuvo sin embargo la actriz Sissy Spacek, con un conjunto pantalón de día de Giorgio Armani (el italiano fue elegido por casi todos los hombres; así lo demuestra los ejemplos de Richard Gere, Christopher Walken, Ed Harris, Denzel Washington o Martin Scorsese; la excepción estuvo en el traje del premiado actor Adrien Brody, que prefirió a Ermenegildo Zegna) y tremenda fue Sally Kirkland, de fucsia y con peinado al estilo Lola la pitonisa, o Queen Latifah con un diseño cortina veneciana, que aumentaba el grosor de sus michelines. También en el ranking de los horrores destaca la actriz Tatum O´Neal con su túnica de raso roja de la imposible Monique Lhuiller.

En estas galas, los hombres suelen brillar por su aburrimiento. La nota la dio el escocés Seann Connery, que lució el traje de gala de su país. La ausencia de Eminem nos privó de su estilo rapero y la baja de Will Smith del traje con polvo de diamantes que le había realizado el británico Ozwald Boateng. Casi mejor.

La victoria europea

Lo que una vez más puso de manifiesto la gala de los Oscar es la voracidad de las estrellas por las firmas europeas. Así, se vio a Jennifer Garner con un Versace en azul celeste, a Anjelica Huston también de Donatella, a Mira Sorvino en negro de Armani o a Cameron Díaz espectacular con un Prada.

Y es que, en la 75 edición de los premios más glamourosos del cine, la victoria fue para Europa frente al poderío norteamericano. Aunque sólo sea en las formas, una victoria siempre es una victoria.