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Los Oscar que ni Billy Crystal pudo levantar

La 84 edición de los premios de Hollywood no pasará a la historia por ser una de las más animadas ni divertidas

Billy Crystal, en un momento de la ceremonia de los Oscar 2012 - EFE
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Chris Rock fue Santiago Segura. El actor tuvo la actuación más brillante de la ceremonia con sus palabras al entregar el Oscar a la mejor película de animación. Su «speech» iba sobre lo que uno puede ser al doblar dibujos. «Si eres negro puedes hacer de cebra o burro», acababa con mucha razón y un pelazo (suyo es el magnífico documental «Good Hair») solo superado por la cantante Esperanza Spalding, que cantó «What a wonderful world» para acompañar la ristra de muertos.

Billy Crystal hizo de Billy Cristal, también con ese inquietante pelo a lo Ciprià Ciscar que no se puede aguantar y los brillos de Lladró en una cara a punto de dar de sí. El cómico y veterano presentador de los Oscar, de 63 años, supera en uno la edad media de los académicos de Hollywood, esos venerables señores con una suave tolerancia a la gamberrada y al humor cáustico.

No hace falta tirar de Ricky Gervais, Jon Stewart es probablemente el mejor presentador de los últimos años. Pero cualquiera es mejor que James Franco, el más reciente.

Crystal es un producto para todos los públicos que al final acaba siendo para ningún público en particular. Su incursión inicial en las películas nominadas quizá fue menos graciosa que otros años (aunque se agradece la presencia de Justin Bieber, que lo mismo se presta para que lo acribillen en «CSI» que para tomarse a chufla en los Oscar).

Tampoco molestó demasiado en una ceremonia que fue lo de siempre con menos estrellas que nunca (menos mal que Melanie Griffith cada vez se parece más a Tippi Hedren y Michael Douglas a Kirk Douglas).

Aunque hubo una peculiaridad y fue esa «emmyzación» cuando los de «The Artist» recogieron el Oscar a mejor película. Que suba todo «Dieu» y no solo los productores es cosa de los Emmy.

La chispa adecuada

La ceremonia de los Oscar, como todas, es una rutinaria sucesión de entregas donde cualquier chispa se agradece. Ya sea el Circo del Sol (a quien le guste); ya sea la actuación de la rana Gustavo y la cerdita Peggydesde un palco (el tradicional sitio de los vejestorios Statler y Waldorf de los Teleñecos); ya sea la espídica sobreactuación de Emma Stone; ya sea ese homenaje apretado de las ordinariotas Cameron Díaz y Jennifer López a Jane Russell y Marilyn Monroe, o ya sea la pierna de Angelina Jolie, que, autoparodiándose, trasladó el posado raja de tu falda de la alfombra roja al escenario (seguramente para que la gente no se fijara en que es solo cabeza).

Al final una, para entretenerse, acaba contando cuántas van de dorado bling bling: Meryl Streep (curiosamente también iba de dorado cuando ganó su último Oscar por «La decisión de Sophie»), Oprah, la novia de Clooney, Jessica Chastain (con negro) o Melissa Leo (solo la parte de arriba).

En fin, no sé para qué llevan a una superheroína con capa (Gwyneth Paltrow) si ni siquiera ella es capaz de hacer algo para arreglar el tostón. De Billy Crystal no lo esperábamos.