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«La fiesta del Chivo»: De Llosa a Llosa

E. RODRÍGUEZ MARCHANTE
Actualizado
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El director, Luis Llosa, comparte algo más que el apellido con el autor, Mario Vargas Llosa: las ganas por ilustrar con convicción y con detalle el original. La única diferencia es que el original para el escritor es el propio Chivo, el dictador Leónidas Trujillo, y el paisaje desolado a su alrededor; mientras que para el director Luis Llosa, el original es la novela en la que fielmente se basa, «La fiesta del Chivo». Es casi lo mismo. La película conserva frescos los personajes esenciales, en especial el demoníaco dictador (que encarna con puro hueso Tomás Milian), cuya imagen compagina esa doble máscara teatral del personaje del sátrapa, el gesto adusto y sanguinario con el asomo burlesco de la caricatura que inevitablemente aparece. También adquieren entidad trágica el de Urania Cabral (Isabella Rossellini) y su terminal padre (el ex ministro Agustín Cabral, «Cerebrito»), quienes de algún modo nos cuentan la historia, ensamblan los tiempos, ofrecen, en especial ella, la estampa más sórdida, cruel, patética y al tiempo bufonesca del tiranuelo.

Con singular discreción

«La fiesta del Chivo» aborda todas las tramas y subtramas del original, y lo hace con singular discreción; tal vez habría que considerar como virtud el hecho de que el Llosa director se diluya detrás del Llosa escritor: no hay afán de protagonismo en la puesta en escena; no hay especial aventura ni en la dirección ni en la narración cinematográfica. Es, digamos, un trabajo meramente ilustrativo, aunque en ese adverbio haya algo de injusto, pues nunca es del todo fácil ilustrar meramente y renunciar a erigirse en «autor» quien es sólo ilustrador.

Queda potenciado en la película el peso melodramático, pues la visualización de lo trágico, la música, la interpretación y otros elementos contribuyen a convertir tragedia en melodrama; es decir, vemos a Isabella Rossellini interpretando el dolor de Urania Cabral; vemos a Tomás Milian tejiendo las villanías de Trujillo, casi todas de índole sexual... Vemos a Juan Diego Botto convertir en peliculero su dramático personaje... Y todo ello probablemente por indicación o decisión directa de Luis Llosa, que pretende y consigue una réplica de la réplica del original. Ya quisiera, por otra parte, García Márquez tener un pariente cineasta que hiciera algo por él y por su obra.