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Benito Zambrano reabre la fosa de la memoria histórica

El cineasta presenta «La voz dormida» en San Sebastián, una clarísima y tópica incursión en las dos Españas tomada en su instante más hirviente, al comienzo de la posguerra

Benito Zambrano, hoy en San Sebastián - AFP
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Benito Zambrano ha acudido a la rueda de prensa posterior al pase de su película, «La voz dormida», en San Sebastián como los gladiadores al circo y esgrimiendo un tridente contra los que sugirieron que el «tono» de la película no era el más adecuado al paisaje de la posguerra, y que no había sabido ser sutil ni siquiera aún teniendo en cuenta el lugar sesgado desde el que contaba la historia.

Cualquier modo de narrar un episodio de la Guerra Civil española o de la terrible posguerra suele encontrar siempre a alguien enfrente y «La voz dormida», novela de Dulce Chacón adaptada al cine por Zambrano es el último ejemplo de ello.

Ni Chacón entonces ni ahora Zambrano pretenden con su relato una mirada que busque concilio o equilibrio: es la mirada del vencido contra los vencedores, una clarísima y tópica incursión en las dos Españas y tomada además en su instante más hirviente, al comienzo de la postguerra.

Una historia sin matices filmada con una cámara sin matices que cae en ocasiones en la caricatura, aunque con la presencia refrescante de una actriz, María León, y su personaje, el único creíble, verosímil, matizado, que le permite a «La voz dormida» mantenerse en pie.