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Las críticas de los estrenos de 16 de septiembre

Nuestros críticos te desvelan las claves de la cartelera

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«EL ÁRBOL DE LA VIDA»

POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE

Terrence Malick es uno de esos cineastas que amasan el pan de su obra con herramientas de relojero; es minucioso, detallista, reflexivo, templado... Antes se encontraría un número de teléfono en la Biblia que un gramo de frescura en su cine. Y su cine son cinco películas en medio siglo, lo cual viene a probar lo dicho sobre su afán perfeccionista, o quisquilloso. Sólo cinco, pero engarzadas como brillantes en la historia del séptimo arte: «Malas tierras», «Días del Cielo», «La delgada línea roja», «El nuevo mundo» y, ahora, «El árbol de la vida», una película que convierte la palabra desmesura en un ansiolítico. Todo en ella es gigantesco, desde su duración hasta su ambición, pero, mágicamente, todo en ella es también diminuto, cercano, ungible... Lee aquí la crítica completa.

«ARRIETTY Y EL MUNDO DE LOS DIMINUTOS»

POR J. CORTIJO

Studio Ghibli sigue siendo un manantial sabio y cristalino que no altera su gesto entre tanto maremoto supervitaminado y con gafas tostadas. El último dragón bigotudo y sonriente que salta de sus aguas a la gran pantalla es esta maravillosa adaptación de «Los Borrowers», con la que la productora pasa de la grandilocuencia de «Cuentos de Terramar» a la poética de la menudencia del debutante Hiromasa Yonebayashi, siempre bajo la atenta mirada, y pluma, del gran maestro Hayao Miyazaki. Sin abandonar su ideario ecologista, el filme no deslumbra tanto por la fantasía estilo «Ponyo» o «Chihiro» sino por el detallismo y la sensibilidad extremos del microcosmos de la heroína Arrietty (más familia), y su amistad con un joven pero enfermo humano. El resultado, incluyendo una banda sonora inolvidable, es sencillamente emocionante.

«LA CARA OCULTA»

POR E. R. M.

«Satanás», la película anterior del colombiano Andrés Baiz, cuyo personaje central (interpretado por Damián Alcázar) te erizaba las pestañas, debiera ser una alerta para «La cara oculta», también un thriller psicológico aunque mucho menos transgresor. Aquí, la historia parece estar en sus cabales: transcurre en Barcelona y en Bogotá y se centra en una intriga romántica entre un director de orquesta y dos mujeres. La trama está llena de sorpresas, en especial una en el mismo centro de la historia que la voltea como una puerta giratoria, y se plantea en tres terrenos, el geográfico (la casa es clave), el sentimental (que debiera ser clave) y el del puro terror (que no llega a cuajar). La cámara encuentra el modo de que el espectador no se sienta nunca tranquilo y de que el clima sea constantemente el previo al suceso luctuoso, pero la película arrastra una pequeña cojera al andar: ¿era preciso hacer a Quim Gutiérrez director de la Filarmónica de Bogotá?, ¿hubiera alterado su traza oscura, su sinuoso perfil si hubiera sido, por ejemplo, delegado en Colombia de un operador de telefonía?, ¿se habría resentido por ello la co-producción?... A Clara Lago y a Martina García también les «pega» más ser pareja de este otro Quim Gutiérrez que de Vincent Price.

«LOS AMOS DE BROOKLYN»

POR J. M. CUÉLLAR

Fuqua con lo suyo, pero mezclando: Mitad de «Crash» y mitad de «Training day», al gusto del consumidor. En medio de un reparto coral, un gran número de estrellas iluminan un mundo sórdido de vidas mínimamente cruzadas, pero con elementos comunes. Tipos duros al borde de todo: del fracaso, de los nervios, de la vida, de la muerte y de la frustración total. Reparte Fuqua mucho de lo visto: amargura por doquier y terreno quemado en una ciudad donde el dinero sucio vuela mientras las miradas inocentes mueren de espanto. Otro buen entramado del director que logra sacar buen jugo hasta de un Gere que completa un trabajo excelente, comedido y sorprendente en un actor de mediana reputación como él. Debajo de todo, el territorio cruento de una sociedad corrupta que se lleva todo por delante, sobre todo las almas podridas.

«COLOMBIANA»

POR J. M. C.

Nada nuevo bajo el sol. Niña que presencia matanza familiar, que que crece con armas bajo el brazo y la mente rebosante de sangre que derramar. No hay nada que sorprenda en esta película de Megaton y solo intenta enganchar a la butaca con un desmedido número de ejecuciones vengativas en serie, poco creíbles por otra parte. Este asunto de los asesinos profesionales se ha puesto duro para el celuloide desde que Luc Besson sacó su «León, el Profesional» a desfilar. Desde entonces, todo parece vacuo y de cartón piedra. Mucho más una narración donde los personajes están cogidos con alfileres y las historias desaparecen bajo una nube de balas. A rescatar: Jordi Mollá, pero porque es de los nuestros.

«CÓMO ACABAR CON TU JEFE»

POR F. MARÍN BELLÓN

Nada más fácil que conseguir el favor del público con un catálogo de jefes terrorífico. Kevin Spacey, Colin Farrell y Jennifer Aniston tuvieron que disfrutar como perros con unas exageraciones que consiguen el milagro de acercar, por una vez, la ficción a la realidad del empleado medio. El hijo de Satanás, el niñato que hereda el chiringuito y la acosadora viciosa (tenga o no el físico de Aniston) alcanzan para que sus respectivos esclavos, de perfil más bajo aunque con un rendimiento eficaz, se monten un «extraños en un tren» de manual, inspirados por un delirante Jamie Foxx. Hasta ahí nada es del todo original, pero Seth Gordon y sus guionistas consiguen, sin salirse de los raíles de la comedia gamberra, resacosa y moderna, que la historia no descarrile ni se detenga demasiado en los chistes. Una comedia para reír y apuntar ideas.