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Cisne Kidman

Nicole Kidman es una actrizde amplios y ricos recursos interpretativos. Lo ha demostrado a lo largo de su carrera en papeles tan distintos como el de su última película, «Las horas» (arriba), que la sitúa como favorita en la próxima edición de los Oscar,
RAMIRO VILLAPADIERNA
Actualizado
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Por improbable que parezca, aquella muchacha de 22 años era insegura, inconsciente, llena de timidez cuando entró en la estancia y extendió una mano fragante con unos dedos largos que temblaban. Era la primera vez que pisaba Europa y parecía que acabara de bajarse de una tabla de surf, que a su edad es en Australia lo que ir en moto aquí pero más rozagante. Con ese complejo de las larguiruchas, inclinó la cabeza a un lado al decir su nombre, el propósito visible de que medio rostro se cubriera de rizos y así también la mitad del azoramiento, como hacían entonces las alumnas de instituto. Una aura fresca, de rizos pelirrojos, ojos llenos de sol y brazos pálidos de bailarina impregnaba aquella irrupción, como un solsticio austral que con el tiempo se haría imborrable.

La presentó George Miller, el genio cinematográfico del cine australiano, admitiendo que aquella muchacha sentada como un cisne asustado no era nadie pero que podía serlo; acababa de hacer su primera película estadounidense después de varias series televisivas locales: «allá abajo se está haciendo muy popular», pudo decir Miller en referencia al otro hemisferio y ella bajaba los ojos desorientada, porque aquí arriba en las antípodas el sol tenía otro ángulo, sus pecas se estaban evaporando, su candidez se haría fuerza; su inconsciencia, determinación; su sola presencia, magia; su atrevimiento, incluso voz en solitario de cabaret; y, más allá, la otredad de Amenábar.

Ahora: poeta suicida del grupo de Bloomsbury; con esas gafitas intelectuales, montadas ingenuamente en negro contra una piel nívea, ha impartido disciplina inglesa y desmayo entre la prensa de Berlín. Entre medias, se casó con quien la desmerecía y pasajeramente dejó los tacones. Volviendo al día de la aparición, al relatar aquel instante de sonrisa pelirroja más de una ceja se alzó en la redacción y la respuesta fue apenas: «Titula por George Miller». La película marina «Calma total» la iba a lanzar aquel año; aún así, naturalmente, quien la hubiera visto sólo en aquel primer filme americano, no podía ni sospechar lo que Nicole Kidman era, en el plano corto.